Sunday, May 11, 2014

Arbitrarios secuestros de objetos privados


Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Una amiga cubana radicada en Miami me comentaba que desde hace catorce años no viaja a Cuba, aun cuando en la isla le queda una parte importante de su familia. Las razones son bien fundamentadas para ella, me decía que desde que pone un pie en el Aeropuerto Internacional José Martí de la ciudad de la Habana su estrés y su malestar comienzan; para ella el tener que enfrentar las caras duras de los funcionarios de emigración y de los aduaneros, así como el chequeo superminucioso de todo su equipaje, siempre con el fin de quitarle algo, es como atravesar el mismo infierno. Por eso prefiere no ir y evitarse todos los disgustos que le esperan una vez que baja la escalerilla del avión. Para mí no es menos estresante el escabroso sendero que va desde la pista de aterrizaje hasta la ansiada salida que conduce a la calle. Como cualquier otro cubano mi duda durante todo el viaje de retorno a mi país es: ¿Con cuál de mis objetos electrónicos se quedará la aduana cubana esta vez?

Resulta complejo entender las leyes aduanales en Cuba ya que están diseñadas de manera tal que puedan ser manipuladas por las autoridades, siempre a su favor. Si fuéramos a realizar un censo responsable de los objetos electrónicos (laptops, equipos para proyecciones, celulares, memorias RAM, DVDs players, televisores, etc, etc, etc) que son decomisados anualmente en los aeropuertos cubanos, créanme que necesitaríamos varias manos con muchos dedos. Y es que el principal interés está precisamente en estos dispositivos, a los cuales los dueños del país y por ende de la Aduana, le tienen un terror enfermizo. Así si usted viene algo pasado del peso reglamentado (y estudie bien las normas para el peso reglamentado porque es toda una sopa de palabras que para entenderla casi que se necesita un curso de post grado y cuidado si aún así no entiende nada), usted perderá parte de su equipaje, o sea se le decomisará el exceso ya sea en misceláneas o en equipos eléctricos, dejándolo con el desagradable tormento de saber que le han robado literalmente algo que le pertenece y que usted no puede hacer absolutamente nada al respecto.

En nuestro primer viaje a los Estados Unidos realizado entre septiembre de 2013 y enero de 2014, mi esposo el pastor bautista Mario Félix Lleonart y yo salimos y regresamos al país por el aeropuerto de Santa Clara. En esa primera ocasión el peso de nuestro equipaje estaba un poco excedido según las normas cubanas, vale aclarar que en Estados Unidos el único requisito es pagar el sobrepeso. Nuestro avión arribó al aeropuerto a las 10 de la noche y nuestra salida del chequeo de aduana fue a las 4 de la mañana, aquel exhaustivo y loco chequeo tuvo como resultado el decomiso de un proyector que hermanos en la fe radicados en Miami enviaban a nuestras iglesias bautistas de Taguayabón y Rosalía, y un cartucho con seis libras de caramelos que una hermana exmiembro de la iglesia de Taguayabón enviaba a los niños para que celebrasen el Día de Reyes Magos. Por muchas gestiones realizadas posteriormente no pudimos recuperar lo que se nos quitó.

En nuestro segundo y bien reciente viaje a Estados Unidos tomamos todas las medidas posibles para viajar con el peso requerido y así evitar los malestares anteriores, pero una vez más la arbitrariedad y el despotismo del sistema cubano salieron a flor de piel, mi esposo y yo fuimos sometidos a un riguroso registro, todos nuestros equipajes fueron abiertos, nuestros libros y documentos leídos y releídos una y otra vez, y aunque se nos aclaró por parte de los funcionarios de la Aduana del Aeropuerto Internacional José Martí de la Habana, al cual arribamos el viernes 11 de abril en el vuelo SY8830, que los objetos con los que se quedaban estaban “retenidos” y no “decomisados”, nos quitaron mucho más que en el anterior arribo. Quedaron supuestamente retenidos en el aeropuerto _y digo supuestamente porque con las “leyes” en Cuba nunca se sabe cuál será el siguiente paso, ya que de cualquier rincón empolvado puede salir un decreto, una modificación a la ley, un inciso, o cualquier otra cosa que justifique sus actos arbitrarios_  la laptop personal de mi esposo el pastor bautista Mario Félix Lleonart, un disco duro externo también de su propiedad, un móvil, dos quemadores de DVDs, un DVD player, un file con 45 documentos personales y once discos de contenido mayormente religioso.

Como pueden apreciar la Aduana cubana tiene la “sagrada” tarea de proteger a los dictadores y a sus decretos. La información y la tecnología que ayude a diseminarla es a lo que más temen y es por tanto a lo que mayor atención prestan. Mi esposo y yo no sabemos si nos devolverán los objetos retenidos, seguros estamos que de las manos de la Aduana pasaron a las oscuras manos de la Seguridad del Estado, son esas manos las que escriben la ley y la alteran cuando lo precisan, son esas manos las encargadas de censurar, de prohibir, de castigar, son quienes subyugan y gobiernan a la Aduana y hasta al mismo tribunal popular, son manos largas, muy largas. Mi amiga en Miami entiende bien de esta jungla dirigida por dos dictadores amparados por ese regimiento de manos largas y tenebrosas que anda por las calles a veces encubierto y otras abiertamente denominado Seguridad del Estado, de ahí su decisión de no volver. Por mi parte yo seguiré mientras Dios me lo permita, enfrentado el estrés de los aeropuertos cubanos y los arbitrarios secuestros de objetos privados, aun cuando la decisión parezca descomunalmente loca.


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