Friday, April 18, 2014

Solidaridad



Por: Yoaxis Marcheco Suárez
A mis entrañables Lori y Luis Bernal, a los cubanos y cubanas de afuera
Tengo la seguridad de que el tiempo de los llaneros solitarios nunca existió y que solo es pura ficción y fantasía hollywoodense. Las batallas de la vida, sobre todo las empresas difíciles, son imposibles de vencer en solitario, se necesita un cordón fuerte de corazones dispuestos para alcanzar la victoria final dentro de cualquier contienda.   La historia de Cuba está saturada de ejemplos de solidaridad en los que el exilio ha tenido un papel relevante. Las luchas contra la colonia española llevadas a cabo por cubanos dentro de la isla, se sustentaron y sufragaron con el dinero, el sudor y el sacrificio de cientos de hijos de Cuba radicados en el exterior, quienes además acogieron y apoyaron a patriotas y a líderes como el mismo Martí. Ejemplo destacable es el de los tabaqueros cubanos emigrados de Tampa,  a quienes el héroe en un elocuente discurso les pidió que “lo ayudasen a conquistar la independencia de Cuba aportando hombres, armas y dinero”. “Muchos obreros cambiaron las chavetas por machetes y otros donaron centenares de miles de pesos para salvar la Patria de la opresión española y crear la República de Cuba”. Solo gracias a esos puntales se logró planificar  la guerra contra los españoles, trazar las metas e incluso crear el Partido Revolucionario Cubano.


No fue el más grande de los cubanos un mercenario por recibir el  apoyo de los hermanos en el exterior, al contrario, el empeño de Martí no se habría materializado sin la ayuda de los exiliados. Hoy también es imposible alcanzar la libertad de Cuba solo con los de adentro, necesitamos de ese pedazo valioso e importante de patria  que es la diáspora. El problema de Cuba debe ser de la incumbencia  de todos los cubanos y cubanas, dentro y fuera de la isla, y diría más, de cualquier persona honrada y digna de este mundo.

La soledad y el aislamiento a las  que los gobernantes cubanos pretenden someter al pueblo y en especial a quienes disentimos en el interior del país, se derriban con  la fraternidad de los buenos cubanos de afuera. La unión de todos nos dará las fuerzas suficientes para enfrentarnos a los dictadores; y el ahínco, la perseverancia y la pasión que pongamos en la lucha por defender el rincón bendito que Dios nos ofreció como terruño para nacer,  nos llevará al cambio trascendental y renovador que tanto necesitamos. No importa si permanecemos dentro  o si la vida nos llevó a algún lejano rincón, no podemos, ni debemos olvidar, ni sacarnos de lo más hondo de nuestras entrañas, a esta perla pequeña que nada en el mar de la Antillas.

Tuesday, April 15, 2014

La libertad desarmada


Por Lincoln Diaz-Balart

Desde su gestación y desde sus primeros pasos ya en el poder, el castrismo tuvo claro que su proyecto totalitario, inspirado y alimentado por sus fuentes estalinistas y mussolinianas, tenía que utilizar todas las armas para conseguir el poder y para su consolidación y permanencia. Y todas debían emplearse sin escrúpulos. Cuando para justificar sus paredones, sus robos y arbitrariedades Castro afirmaba que la revolución, es decir, su poder omnímodo, era fuente de todo derecho, también estaba advirtiendo que lo era de toda ética. En otras palabras, todo vale, todo es legítimo siempre que sirva a la tiranía. Y en pura lógica castrista, nada lo es si contraría su poder. Y, por supuesto, semejante vara de medir o “principio” castrista, es aplicable a la cultura: “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”.

La batalla cultural, o por el control de las mentes, es para el totalitarismo tan o más importante que cualquier otra. Estos tiranos saben que necesitan de los cañones, de los calabozos y de las fustas, saben que necesitan controlar todos los recursos económicos, pero saben que ante todo necesitan controlar las mentes, las almas de los esclavos. El objetivo mayor es que los esclavos se sientan regocijados con su condición, que aplaudan sus cadenas. Al menos que no concienticen su condición de esclavos. No por gusto Castro se hizo con el control de la educación y de la prensa casi al unísono e incluso antes que del resto de las empresas privadas. Muy pronto, desde los aciagos y confusos primeros días de 1959, las hordas “revolucionarias” se lanzaron al asalto de la Universidad, de las escuelas privadas y de la prensa, la radio, la televisión y el cine. Finalmente, amarraron corto a todo tipo de creador intelectual y artístico con el engendro de la UNEAC. Quedaba así consumado el desarme absoluto de la libertad. El desarme de la libertad al interior de Cuba, pero también dirigido al exterior, porque la tiranía albergaba ambiciones sin fronteras, sobre todo en lo que consideraba su principal esfera de influencia: América Latina. Y así, paradójicamente, utilizaría todos los recursos de la libertad para conspirar contra ella. Por eso, el financiamiento de la violencia, del terrorismo, de las guerrillas y de todo posible mecanismo de desestabilización, y por todas las vías a su alcance, sean estas abiertas o encubiertas. Los servicios de inteligencia castristas han contado desde el principio con todos los recursos y nunca les ha detenido nada. En este arsenal de medios empleados por décadas ha ocupado un lugar de privilegio el empleo de todos los medios y subterfugios para la propaganda, la influencia y el chantaje. La guerra cultural, sin duda, ha ocupado un lugar de privilegio en la estrategia totalitaria.

No es casualidad que entre las primeras acciones para la subversión y la propaganda sucia y descarada, estuvieran la creación de Prensa Latina y Radio Habana Cuba, así como el apoyo y el financiamiento de publicaciones y programas por diversos medios, para lo cual se han servido de testaferros, agentes de influencia y personajes afines en diversos países. Nunca ha faltado para estos menesteres ni dinero ni recursos. Detrás, siempre diligentes, los servicios de inteligencia, el tenebroso Departamento América del Comité Central, así como organizaciones pantalla como el Instituto de Amistad con los Pueblos, la Casa de América, las llamadas organizaciones de solidaridad, y más recientemente los programas supuestamente benéficos como las misiones educativas o médicas.

Pero el mundo continuaría su desarrollo más allá de los lindes de la cerrada y oscura finca castrista. Y surgieron internet y las llamadas redes sociales. Una verdadera explosión de libertad de difícil control. El régimen se topó con una realidad que no podía ignorar. Y entonces, como siempre, buscó el remedo y la trampa. Por un lado, impedir el libre acceso a internet, bloquear páginas indeseables y encarecer el acceso a la red. Por otro, la creación de redes alternativas perfectamente controladas. Pero por una rara inversión ética, esto, que es un escándalo en sí mismo y que debiera ser objeto permanente de denuncia por parte de responsables políticos en los países democráticos, así como por periodistas, intelectuales y personas decentes en todo el mundo, es olvidado o tratado superficialmente, mientras se muestra una exquisita sensibilidad ante cualquier intento por burlar la censura y buscar vías para que el pueblo cubano pueda ejercer su derecho a la libre información y comunicación. Así, recientemente, muchos se han rasgados las vestiduras por la existencia de programas como Zunzuneo o Piramideo, que han buscado hacer llegar la libertad de internet al pueblo cubano, y que lo lamentable realmente ha sido su limitada eficacia. Cuando la verdadera indignación debería estar dirigida a las causas que les han motivado.

Lo evidente es que la tiranía no puede soportar el más mínimo resquicio de libertad, por más piruetas y visajes que ensaye de cara a la galería. Continúa con sus felonías de siempre, dentro y fuera de Cuba, aun cuando se vea precisada a realizar variaciones tácticas. Enquistada y convertida en rutina, la canallada se ha tornado casi invisible y casi aceptable para muchos. Y hasta hay quienes quieren advertir “cambios” en lo que no son más que muecas circunstanciales y tramposas. Se produce así una especie de adormilamiento ético que conduce al acomodamiento y tranquila coexistencia con el mal. Queda entonces la libertad desarmada.

Lo que se impone es que armemos a la libertad, que la defendamos cada día. Que apoyemos a quienes luchan por ella en claras condiciones de desventaja y precariedad. No escatimemos esfuerzos ni recursos para ello. No nos dejemos intimidar ni camelar por los enemigos de la libertad. Nada de posiciones vergonzantes respecto a la defensa y promoción de la libertad. Frente al enemigo liberticida inescrupuloso, todo en defensa de la libertad. 

Saturday, March 29, 2014

Una relación que vive de apariencias


Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Existe por ahí un viejo refrán que proviene de la cultura y creencia católicas que reza: «solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena»; y aunque provengo de una cultura evangélica protestante, donde jamás mencionamos a esa Santa, no es menos cierto que hay muchos por ahí que se acuerdan de Dios y de sus hijos, solo convenientemente, cuando el agua les está llegando al cuello. Es la mejor manera en que quizás pueda explicar el fenómeno castrista en Cuba con respecto a las religiones,  y muy particularmente al cristianismo en sus diversas manifestaciones.

Las primeras décadas de vida del “proceso revolucionario” encabezado por Fidel Castro, quien supo astutamente ubicar en planos de liderazgo muy favorables a su hermano Raúl Castro y a otros personajes fieles a su persona, hasta conformar una verdadera dinastía;  fueron negros para la religión en Cuba. Los golpes asestados por la estirpe de los Castro fueron dirigidos sobre todo al cristianismo el cual se encontraba afianzado y asegurado entre los cubanos por la trayectoria histórica que había alcanzado en el momento del triunfo el primero de enero de 1959, representado por la Iglesia Católica Apostólica y Romana establecida desde el siglo XVI y traída a la Isla por los primeros conquistadores y colonizadores ibéricos, que además ya en la década del 50 del siglo XX era  la religión más aceptada y practicada por los cubanos, amén del sincretismo con las prácticas y cultos afrocubanos; y las iglesias evangélicas protestantes, surgidas en Cuba por la influencia de creyentes evangélicos originarios radicados en Estados Unidos como el pastor Joaquín de Palma, según algunos el primer pastor protestante cubano del que se tenga conocimiento, y que comenzarían a surgir y a crecer dentro de la isla en el ocaso del siglo XIX.

Ese cristianismo representado por católicos romanos y evangélicos protestantes que existía ya en el año 59, poseía sus espacios de culto y sus congregaciones diseminados por todo el país, tanto la iglesia católica, como las diversas denominaciones evangélicas, eran propietarias genuinas de edificaciones entre las que se contemplaban templos, seminarios, colegios y librerías. Fue en la década de los 80 del siglo XIX que se conquistó en la Isla la promulgación de la libertad de culto, que según Marcos Antonio Ramos en su libro Panorama del protestantismo en Cuba, fue precisamente un clérigo protestante nombrado Pedro Duarte quien logró tuviera carácter oficial. Desde entonces los cristianos cubanos gozaron de libertad de credo, de culto y por ende de asociación y reunión. Libertad que se vería amenazada por el egocentrismo del jefe de los barbudos de la Sierra Maestra, el hombre que cambió los tonos de la revolución de verde como las palmas, a rojo como el marxismo-leninismo en su expresión más materialista, atea e intolerante a la religión, y a negro como el oscurecer que llevó a Cuba a su noche más larga y amarga, tal y como dijera el comandante Huber Matos.

Pero lo cierto es que aquella persecución abierta y sin escrúpulos, pasó a ser solapada y encubierta. El pastor Mario Félix Lleonart ha advertido en diversas ocasiones que para los dictadores cubanos la religión ha representado siempre un contrario en potencia. Es un hecho que el cristianismo bien practicado se convierte en enemigo de las dictaduras y de los regímenes totalitarios. El apóstol Pedro dijo así en una ocasión al Sanedrín judío: es preciso servir a Dios ante que a los hombres. Entonces en una estrategia malévola el régimen de La Habana adoptó una postura de aparente apertura, dejó de acusar al cristianismo de ser “el opio del pueblo” y comenzó a usarlo como la droga perfecta para adormecerlo.

Es innegable el crecimiento de las iglesias en Cuba, ese crecimiento es respuesta y síntoma de la necesidad espiritual, de la sed de fe del pueblo cubano y hasta de su sufrimiento material. Ese crecimiento es además la respuesta contundente del Dios eterno: ningún gobierno humano limitado en su existencia (por larga que esta nos parezca) puede contra su accionar poderoso, ninguna dictadura por dura que sea lo podrá desterrar de la espiritualidad de los cubanos. Pero a pesar de ello las iglesias cristianas en Cuba y sus líderes no han asumido un papel protagónico o lo suficientemente activo en la cruzada por conquistar la liberación espiritual y física de los habitantes de la isla, sometidos por casi seis décadas a un sistema asfixiante que los oprime y priva del disfrute de derechos humanos elementales. El teólogo e historiador Marco Antonio Ramos así lo expresó: En Cuba se han alzado desde las iglesias voces críticas al régimen de los hermanos Castro, pero estas han salido de manera dispersa de líderes, pastores y sacerdotes tanto católicos como evangélicos, las críticas no han tenido alcance institucional en ninguna medida. Aunque los obispos católicos de Cuba han emitido cartas pastorales como: “El amor todo lo espera” y más recientemente “La esperanza no defrauda”, esta última disminuyó el espíritu crítico que acompañó a la primera, expresando las ideas cuidadosamente para no crear asperezas considerables con los dictadores.

La iglesia cubana ha pasado a ser, desafortunadamente, el opio en manos de los dictadores. El opio ha sido utilizado de varias maneras: promoviendo el silencio y la apatía entre los fieles a quienes se les enseña a mirar la política como entes pasivos _no si la política es vista para apoyar a los “gobernantes”, cuyo favor quieren ganar a toda costa_, aun cuando se asuma una actitud indolente ante los males que azotan a la nación. El gran pecado que puede cometer cualquier ciudadano cubano es correr contra la corriente oficialista, ser opositor es un estigma doloroso en Cuba, ya no solo ante los adeptos al sistema, sino también ante los hermanos y hermanas de muchas congregaciones. Muchos líderes cristianos sirven como voceros de los dictadores, aseverando ante la opinión pública mundial que en la isla la libertad religiosa es total y perfecta, otros cierran las puertas de sus casas y templos a los opositores y han expulsado de sus membresías a pastores que han alzado la voz profética ante la crítica situación que 55 años de dictadura han creado para el país.

            El reto de las iglesias cristianas cubanas no solo es evangelizar, sino realizar una profunda labor discipuladora, no solo es ganar en número de creyentes, sino devolverles la legítima condición de ciudadanos que el régimen les ha robado, devolver los valores éticos, morales y cívicos que han perdido y ayudarlos a conocer sus deberes y sus derechos. Las iglesias en Cuba hoy tienen la misión divina de enseñar a los cubanos cómo transitar la senda que conduce a la libertad personal y social en el aquí y ahora que vivimos. Dios las ha retado a vivir sin miedo y en libertad. ¿Asumirán los creyentes cubanos el reto divino, o seguirán siendo opio en las manos de los tiranos? Buena pregunta para terminar.


Friday, March 21, 2014

Vergüenza ajena



Por Normando Hernández

Quiero dejar bien claro que me siento orgulloso de ser cubano. Como también me siento orgulloso de llevar la mitad de mi vida oponiéndome al régimen totalitario de los hermanos Castro. Me siento orgulloso de ser un ex prisionero de conciencia. Y me siento orgulloso de todos los cubanos que de una forma u otra se han opuesto dignamente al totalitarismo castrista. Pero no puedo decir lo mismo de los cubanos acólitos al régimen de Cuba. Por culpa de ellos siento vergüenza ajena.

En los últimos 54 años, en cuantos conflictos internos ha existido en nuestra américa, ha estado la oscura mano del castro-comunismo dejando un rosario de sufrimiento. No son pocos los ciudadanos de Nicaragua, Chile, El Salvador, Honduras, Guatemala por tan solo mencionar algunos y ahora Venezuela que miran a los cubanos con desprecio y los responsabilizan de sus calamidades. Otros son víctimas de la propaganda política y quieren para ellos el sistema imperante en Cuba. Siento decirles que los unos y los otros se equivocan.

A unos y a otros les  digo que decir cubano implica mucho más que un sistema político. Decir cubano es mucho más que una ideología. Decir cubano es mucho más que intereses espurios de gobernantes traidores… Decir cubano es hablar de amor. Decir cubano es hablar de los que fueron al pelotón de fusilamiento gritando “Viva Cristo Rey”. Decir cubano es hablar de los miles que han cumplido y de los que hoy cumplen prisión política en Cuba. Decir cubano es hablar de los que han sacrificado y sacrifican a su familia por implantar un Estado de Derecho en su querida patria. Decir cubano es hablar de ese ser maravilloso que se ríe de su propia desgracia y siempre tiende su mano solidaria. Los Castristas y sus acólitos son la anti-cuba. A todos les aseguro que pienso que nadie quiere para su país un régimen totalitario que racionaliza y condiciona hasta el aire que respiras.

Hoy siento vergüenza ajena por los cubanos mercenarios, por los cubanos esbirros del castrismo que en Venezuela están golpeando y torturando a los estudiantes que no quieren para su país una Cuba-zuela totalitaria. Hoy siento vergüenza ajena por los cubanos de la anti-cuba. Hoy como cubano extiendo mi diestra solidaria al hermano pueblo de Venezuela.

Hoy les recuerdo a los venezolanos que “Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él porque la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso, y al último soldado, que es un héroe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria”*. Quien lo cuenta es el más grande de todos los cubanos: nuestro apóstol José Martí.

Ahora, sobran las palabras. Que Dios Bendiga a todos los venezolanos y a los hermosos de cuerpo que quieren a su patria libre. Amen

Thursday, March 20, 2014

EL EMBARGO COMO PARTE DE LA LUCHA Y DEL CAMBIO



Por Orlando Fondevila

La tiranía castrista, conforme a la naturaleza de toda tiranía que se precie, se resiste a desaparecer. Su única razón de ser es existir, permanecer, eternizarse. Para ello, nunca tendrá escrúpulos en emplear cualquier medio a su alcance, desde los más violentos o despiadados hasta los más sibilinos y tramposos. Lo mismo le da montarse en un tanque, enarbolar un látigo, multiplicar calabozos y tumbas, que vestirse con una tramposa y lustrada piel de cordero. Todo vale, y cualquier medio es intercambiable o utilizable combinadamente. Depende de las circunstancias. Ahora mismo, el fracaso es tan evidente, el desastre es de tal magnitud, que la achacosa elite del poder castrista se muestra claramente muy nerviosa. Intentan exhibir una falsa seguridad, un autocontrol y control absoluto de la situación que en realidad no tienen. Pero insisten, maniobran todo cuanto pueden, utilizan su indudable vasta experiencia represiva, tanto como el prolijo arsenal que dominan de mentiras, farsas, trucos, enredos, seducciones y traiciones. A lo largo de más de medio siglo (se dice pronto) se han hecho con una red compleja de lealtades, chantajes y complicidades varias, todo lo cual ha contribuido notablemente a su supervivencia.

Al día de hoy, mantienen el garrote enhiesto contra quienes al interior osan enfrentársele, no importa si delicadamente pacíficos. Ensayan triquiñuelas de cambios, sobre todo económicos que, además, tal y como ha ocurrido en el pasado, son perfectamente desmontables. O no, siempre que no cuestionen el poder, concebible sólo en términos absolutos, y seguramente hereditarios. Pero todo esto no basta. No hay posibilidades de, no ya salir de la profunda crisis generalizada, sino siquiera de detenerla. Venezuela se hunde en su propio marasmo, de esencia castrista. China y Rusia puede que tengan en Cuba algún interés geopolítico, sin embargo, moderado por otros interesas de mayor relevancia, y ya no son posibles ni las regalías ni los apoyos de antaño. ¿Brasil? Brasil tiene intereses expansionistas y apetencias de Potencia, pero para ganar, no para regalar; sus intereses son económicos, no ideológicos en puridad –solo en retórica. ¿Qué les queda a los tiranuelos de La Habana? La carta de oro: hacerse con las inversiones y el turismo de Estados Unidos (pese a todo, el poderoso vecino de al lado, condición geográfica e histórica inmodificable.

¿Cómo conseguir que el tan vilipendiado vecino se apreste a, olvidando agravios de todo tipo y sus propios valores éticos, consentir en ayudar al vecino procaz y delincuente que no renuncia a sus odiosas costumbres? Tal vez, piensan los gerifaltes de La Habana, con gestos sin sustancia, con falsas promesas. No, necesitan más. Necesitan cabildear fuerte. Necesitan utilizar a políticos y mercaderes mediocres y sin principios. Y, sobre todo, necesitan desmontar la verticalidad y el patriotismo del exilio. ¿Cómo hacerlo? Varios son los caminos. Utilizar el chantaje emocional con el discurso de los valores familiares. Discurso hipócrita de los mismos que precisamente han destruido la familia, los mismos que por décadas impidieron toda comunicación con los familiares en el exterior, y que hoy lo “autorizan” como medio de captar divisas y de ablandamiento, toda vez que la autorización tiene varios condicionantes. Ante todo, el de “portarse bien”, tanto en el exterior como dentro de Cuba. Por otro lado, utilizar las facilidades que ofrece la actual Administración para introducir cada vez más “agentes de influencia” en los Estados Unidos. La Academia es uno de los sitios preferidos, más que todo por aquello de que “en el mundo casi no quedan marxistas, la mayoría están en la Academia norteamericana”. Además, la Academia da “lustre” y permite codearse con políticos del espectro “siniestro” y con empresarios voraces que gustan posar de “progresistas” (siempre un buen negocio). Por cierto, los voceros de la tiranía siempre andan preguntando retóricamente y acusando a sus opositores y críticos acerca de “quién les paga” (siempre el imperio). Sería interesante que los López Callejas, alias López –Levy y sus cofrades de C.A.F.E nos contaran quién paga su cabildeo en favor de la tiranía. La realidad es que estas organizaciones y personajillos, así como algunos “compañeros de viaje” que revolotean a su alrededor, tanto en la “diáspora” como a ello les gusta llamar, como dentro de la Isla, sobre todo alrededor de la Iglesia liderada por el inefable Cardenal Ortega y sus muchachones de “Espacio Laical”, se muestran muy activos. Su propósito explícito y bien definido es el de levantar el embargo y “normalizar” las relaciones entre Estados Unidos y la tiranía, y entre la tiranía y la “diáspora”. Todo lo cual puede decirse de otro modo: entre sociedades libres y esclavas, entre víctimas y victimarios, y “aquí paz y en el cielo gloria”, como diría el Cardenal Ortega. El argumento principal para semejante propuesta tiene dos partes: por un lado, “el embargo es inmoral, ilegal, obsoleto y, además, ha sido ineficaz”. Por otra parte, afirman que “la sociedad cubana está cambiando bajo el liderazgo pragmático de Raúl Castro, y el embargo es el principal obstáculo para avanzar más aceleradamente”. López callejas, alias López-Levy, Saladrigas and company insisten, tomándonos por imbéciles, en que “el embargo solo sirve de excusa a los “ortodoxos” del régimen”.

Bien, enderecemos la lógica de tan excelsos académicos y analistas. Hablando de cosas inmorales, obsoletas, ilegales, ineficaces y además criminales, ¿no les parece que estamos retratando exactamente a la tiranía por la que tanto se desviven? A estas alturas no les parece que un régimen de partido único, de control despótico de la economía, con un pueblo hambreado, en el que se reprime ferozmente todo tipo de libertades, que ha fusilado, fusila, encarcelado y encarcela a quienes se le oponen, en el que mandan, fracaso tras fracaso, los mismos desde hace más de cincuenta años, no les parece todo esto inmoral, ilegal, obsoleto y criminal. ¿Por qué no acabamos de una vez con todo esto para que desaparezca entonces, no solo el embargo, sino el sufrimiento, el luto y la desesperanza del pueblo cubano? En cuanto a la excusa, ¿es que algo tan monstruoso como lo que ha ocurrido en Cuba desde 1959 y que continúa ocurriendo hoy mismo puede ser excusado de alguna manera? ¿Levantar el embargo para que los Castro y los familiares de López Callejas, y los Saladrigas y Fanjul se enriquezcan aún más a costa de la miseria y la esclavitud del pueblo cubano? ¿Levantar el embargo para que la tiranía pueda eternizarse y emplear más recursos en fomentar la subversión en América Latina y donde le sea posible?


El exilio tiene que movilizarse, no podemos permitir que cunda el desánimo. Hay que pelear. Hay que apoyar el mantenimiento del embargo, hay que librar la batalla cultural, hay que ayudar por todos los medios a la creciente y cada vez más concientizada oposición interna, hay que hacer llegar el mensaje de lucha y de libertad cada vez más al pueblo cubano.

Wednesday, March 19, 2014

Once años de la Primavera Negra de Cuba


Por  Normando Hernández

Los recuerdos de la cárcel aparecen siempre como si en ella estuvieras. Palpas la densa oscuridad de las celdas de castigo. Respiras los nauseabundos olores de las galeras. Te asfixias con el intenso calor del verano y los huesos se tullen de frio al acostarte en una cama de cemento en pleno invierno. Escuchas los lamentos de los torturados. Y, sobre todo, no olvidas la sádica mirada del impune militar y la desesperanza del indefenso reo.

Hace 11 años visité en condición de preso, por primera vez, el corredor de la muerte de la cárcel Boniato, en Santiago de Cuba y aún lo recuerdo como el primer día. Hace 11 años comencé un periplo por diferentes prisiones de Cuba: periplo que duró poco más de siete años. También hace 11 años que hice mi primera huelga de hambre en solidaridad con mis hermanos de causa. Hace 11 años me propuse no olvidar todo lo vivido, todo lo sufrido. Hace 11 años de la Primavera Negra de Cuba y aún continúa ahí: petrificada en el tiempo.

Hace 11 años y ya tenemos cuatro mártires: Orlando Zapata Tamayo, Miguel Valdez Tamayo, Oscar Espinosa Chepe y Antonio Villarreal. Y a pesar de que muchos piensan que en el 2010 tras los acuerdos de la iglesia católica cubana y los gobiernos de Cuba y España los presos de conciencia de la Primavera Negra fuimos liberados, no es así del todo. Primero, los que aceptamos el destierro como condición de libertad no podemos regresar a nuestro país. Segundo, los que se quedaron dentro de Cuba pueden ser regresados a la cárcel cuando el régimen lo estime conveniente y a ninguno se le permite visitar el extranjero.

Hace 11 años sufrimos en carne propia la desidia de un régimen totalitario. Pero también sufrimos, hace 54 años,  la indiferencia de gran parte del mundo libre a la causa de la libertad y la democracia para el pueblo cubano. Indiferencia que solo ha favorecido a los tiranos de Cuba, nunca al pueblo.

A todos exhorto a que miren dentro de mí sufrida patria. También, exhorto a que observen con detenimiento  lo que está pasando en Venezuela y se solidaricen con el hermano pueblo venezolano. No podemos permitir que la indiferencia haga tierra fértil en la causa de la verdadera libertad y la verdadera democracia para Venezuela. No podemos permitir que dentro de poco en Venezuela vayan personas a la cárcel por ejercer derechos inalienables como el de la libertad de expresión y asociación pacífica. No podemos permitir que la indiferencia se adueñe de Venezuela y comiencen los pelotones de fusilamiento, las desapariciones, las altas condenas, las separaciones familiares, la desvalorización moral y espiritual de los venezolanos. No podemos permitir que la indiferencia logre que Venezuela se convierta en una Cuba.

Si no tomamos partido en la causa de Venezuela muchos venezolanos y venezolanas irán a la cárcel por el solo hecho de pensar. Tomemos conciencia. No seamos indiferentes para que la Primavera Negra de Cuba de 1959 y la del 2003 no se repita en más ningún otro país. Mucho menos en Venezuela.

Tuesday, March 18, 2014

En el aniversario de nuestro Apóstol


Hemos recibido las siguientes palabras de nuestra admirada amiga, Felicia Guillen Amador, de la ciudad de Fomento, Cuba. Es un honor para el Instituto La Rosa Blanca publicarlas.



Felicia Guillen Amador
Fomento, Sancti-Spíritus, Cuba
28 de enero de 2014

Hermanos:

En este mes de enero, conmemoramos varias fechas históricas, algunas que nos laceran el corazón, otras que nos enardecen en la lucha opositora, en esta lucha contra el gobierno totalitario que se impone impetuosamente, con persecuciones y torturas psíquicas, a este pueblo que ha despertado del engaño de la mal llamada revolución cubana, que ha ido despertando del sueño en el que este gobierno totalitario los hizo caer, han enarbolado con orgullo la bandera de lucha y se han unido, con el coraje de nuestros mambises, a nuestros grupos de La Rosa Blanca, el CID, la Fundación de Mujeres Opositoras del Llano y la Montaña y otras. Hoy homenajeamos a nuestro Apóstol José Martí, en su ciento sesenta y un aniversario de su natalicio. Hoy sentimos que él nos guía con su ejemplo de amor y honradez. Martí dijo: y demostró con hechos, que no hay nada más sagrado que el amor de un hombre por la libertad de la tierra en la que ha nacido.

Somos muchos los cubanos que seguimos el ejemplo de Martí dentro y fuera de nuestro querido y verde Caimán. Han sido muchos los cubanos que han bañado nuestro suelo con su preciosa sangre solo por no compartir las ideas que introdujeron en nuestra patria el odioso partido comunista. Somos muchos los que hemos vivido la crueldad de una tenebrosa celda, y los que han sido obligados a los crueles trabajos forzados en las cárceles cubanas, como nuestro apóstol; también en nuestra lucha opositora hemos sido castigados como lo fue José Martí. Ejemplo de ello, tenemos muchos en el exterior, que han mantenido la lucha por la libertad de esta tierra que los vio nacer, después de haber sido castigados inhumanamente. Ellos se han unificado con los que estamos enfrentándonos a diario a los que llevan impregnado el lema del martillo y la hoz. Estos hermanos, a los que nos separa la distancia pero el cariño y la admiración nos unen, nos apoyan con sus esfuerzos materiales, y sobre todo con la ayuda espiritual. Quisiera poder mencionarlos a todos, pero son incontables, incluyendo los que no están físicamente, pero están en nuestros corazones. Los tenemos presentes en nuestros pensamientos. Para ellos, nuestro respeto, nuestro recuerdo.

También hoy 28 de enero, unido al natalicio de José Martí, celebramos con muchos éxitos obtenidos en la lucha el cincuenta y cinco aniversario de la fundación de nuestra siempre heroica organización La Rosa Blanca, que fue la primera organización que entró en Cuba desde el exterior y fue seguida y representada por los que iniciamos la lucha opositora y más tarde por nuestras guerrillas en el Escambray.

Fue fundada en New York por el Dr. Rafael Diaz-Balart, e integraron la dirección de la misma cubanos como Delfín Rodriguez Silva y el Dr. Domingo Gomez Gimeránez.

Nuestro hermano, fundador de tan digna organización, encontró en los versos del Apóstol, al referirse a La Rosa Blanca, que cultivaba la rosa, porque sus pétalos blancos representan el amor y la amistad, que le ofrecía al amigo, al hermano, que defendía su tierra y vivía bajo el yugo opresor, y al enemigo no le deseaba las espinas del cardo, sino, cultivaba el honor y la paz. Solo que nuestros enemigos no conocen el honor, ni entienden la paz, pero con nuestra Rosa Blanca, nuestro grupo juvenil unido al CID y a todas las organizaciones opositoras, lograremos la libertad y la paz por la que tanto hemos y seguiremos luchando.

            También hoy es el catorce aniversario de la inauguración de la biblioteca Carlos Manuel Delgado Duardo, situada en Calixto García #131, entre Estenoz y Carretera de Placetas, Fomento, en la Provincia de Sancti-Spíritus. Lleva el nombre de Carlos a petición de Ismael Hernandez, el que junto a Carlos fue del ejército rebelde. Como el comandante Huber Matos, tuvieron el coraje de enfrentarse a lo que ellos ya conocían que estaba pasando, o sea, la filtración del comunismo.

            Carlos fue fusilado por participar en los atentados realizados a Fidel Castro, ostentaba el cargo de Capitán. Realizó algunas otras ayudas a nuestras guerrillas y logró trasladar a hombres para las guerrillas hasta los poblados cercanos.

            Con la firmeza en nuestras ideas y plantados en la lucha opositora por la defensa de nuestra patria decimos:

¡Viva nuestro movimiento nacional La Rosa Blanca!
¡Viva nuestro grupo juvenil La Rosa Blanca y todas las organizaciones opositoras!
¡Viva Cuba Independiente y Democrática!
¡Gloria eterna a nuestros mártires!