Tuesday, November 5, 2013

La Salud Pública en el Programa de La Rosa Blanca


Por Rafael J. Diaz-Balart


Uno de los temas más sensibles para cualquier sociedad es el de la Salud Pública. Debido a ello, los totalitarios de todo signo lo han manipulado obscenamente. La tiranía castrista, manipuladora y mentirosa como sistema, ha rebasado en este asunto todos los límites. Ha falseado desvergonzadamente la situación de la salubridad en la etapa republicana y ha montado una fábula acerca de los “logros” de la Salud Pública a partir de 1959. Al respecto, citemos el análisis que aparece en el Programa de La Rosa Blanca:

“Castro propagandiza que Cuba ocupa hoy el mejor lugar en Latinoamérica en cuanto al índice de mortalidad infantil, lo cual es cierto. Como también es cierto que el mismo lugar ocupaba en 1957, año en el que se situaba, además, en el decimotercer lugar en el mundo, por encima de Francia, Bélgica, Alemania Occidental, Israel, Japón, Italia, España y Portugal; hoy ocupa el lugar vigésimo cuarto. Y hay más. Si leemos correctamente las estadísticas, observaremos que hoy Cuba se halla en uno de los primeros lugares en el mundo en abortos, lo cual necesariamente incide en los datos de mortalidad infantil. En 1957, Cuba ocupaba el tercer lugar en América Latina en médicos y dentistas por habitante, por encima de países como el Reino Unido y Finlandia”.

Al margen de las estadísticas, que en el caso del régimen castrista nunca son creíbles, el hecho cierto es que un buen sistema de Salud Pública depende de muchos factores, uno de los cuales, el más importante, es una economía sólida que lo sustente. Un país con una economía débil, y más allá, totalmente destruida como es el caso cubano bajo los Castro, no podrá tener un buen Sistema de Salud Pública. En Cuba, durante algunos años, se pudo evitar la catástrofe sanitaria que hoy es evidente, debido a circunstancias políticas artificiales: el monumental subsidio soviético, cuyo monto superó por mucho la ayuda del Plan Marshall para toda Europa. Hoy, desaparecido el subsidio soviético, aun con la tubería de ayuda venezolana, la sanidad pública cubana constituye un verdadero horror. El presupuesto estatal (el Estado controla totalmente este sector como casi todo) ha caído estrepitosamente según datos del propio régimen. Decenas de miles de profesionales de la salud han sido enviados a laborar, en calidad de semi-esclavos, a múltiples países, agudizando así la escasez de personal calificado para la atención de la población cubana; a lo que debe añadirse el estado dantesco de las instalaciones hospitalarias y la crisis en el ya-de-por-si penoso abasto de medicamentos esenciales.

La Rosa Blanca entiende que únicamente emprendiendo la reconstrucción total de la sociedad será posible edificar un Sistema de Salud Pública eficaz que pueda servir dignamente al pueblo. La Rosa Blanca propondrá a los legisladores de la Cuba libre que se acerca que se aprenda de todos los aciertos (y errores) en este fundamental tema en todo el mundo desarrollado. El programa de La Rosa Blanca propone que “El acceso al cuidado de salud y a la asistencia hospitalaria se debe garantizar, sin exclusión de la participación privada, como un derecho de la ciudadanía. Se estimulará el rescate de la experiencia cubana de las clínicas mutualistas que tan óptimamente funcionaron en la Primera República”. También se le dará prioridad a los estudios médicos que contribuyan a avances en la medicina y la tecnología punta médica.

Cuba, una vez alcanzada la democracia y establecido el Estado de Derecho, escalará nuevamente posiciones de privilegio a nivel mundial en su Sistema de Salud Pública. Sin trampas estadísticas y sin propaganda.

Tuesday, October 29, 2013

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN



Por Lincoln Diaz-Balart


La reconstrucción de Cuba, como nación, deberá abarcar necesariamente todos los ámbitos de la sociedad, maltratados todos, deformados, distorsionados, destruidos por la vesania y la ineficacia intrínseca del sistema totalitario imperante en la Isla por tan largo tiempo. Prácticamente todo habrá de ser reconstruido. En el Programa de la Rosa Blanca se concede una gran importancia a la reconstrucción económica, sin la cual ninguna otra será posible. Pero junto a la reconstrucción económica, entrelazada a ella, deberá emprenderse la ingente tarea de levantar al ser humano, al cubano, de sus propias ruinas. Porque es el ser humano quien ha resultado más dañado, más empobrecido en su propia humanidad. Así, desde el primer día del inicio de la reconstrucción de Cuba en libertad y democracia, el sistema de educación deberá ser rehecho desde sus cimientos para contribuir a un verdadero renacimiento de la sociedad cubana en sus valores históricos de cubanidad, libertad, respeto, amor, solidaridad, espíritu de trabajo y modernidad.

Precisamente, la tiranía ha tenido un relativo éxito en fabricar y expandir lo que Rafael Díaz- Balart denominó “leyenda negra” sobre la educación en el período republicano, “a modo de justificación de sus errores y horrores”. Muchos ecos cómplices o ingenuos ha tenido esta leyenda negra. Lo cierto es que la educación pública de la República destruida por los Castro era de gran calidad, y consiguió resultados realmente extraordinarios que la situaban entre las primeras de América, pese a que nuestra andadura independiente aconteciera mucho después que las otras naciones de nuestro entorno. El índice de alfabetización, por ejemplo, era el segundo de América Latina, y los profesores y libros de texto cubanos gozaban de merecido reconocimiento internacional. Por otro lado, según la UNESCO, antes de Castro Cuba dedicaba a la educación pública aproximadamente la cuarta parte del presupuesto nacional, el mayor porcentaje de todas las naciones de América Latina. Paralelamente, coexistía con la educación pública la enseñanza privada, igualmente de excelente calidad. El balance en términos de educación de la primera República es altamente positivo, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de las deficiencias que todavía existían estaban en camino de solución, pues estaban creadas las bases estructurales para ello.

Todo lo anteriormente expuesto y mucho más que pudiera añadirse, desmonta por completo una de las falacias más grandes y mejor vendidas del castrismo.

Sin embargo, lo peor de esta infame leyenda negra no es ella en sí misma. Lo peor es que sirvió de coartada para el desmontaje por parte de la tiranía de aquellos verdaderos logros de la educación en la Cuba republicana y su suplantación por un sistema educacional orientado a la domesticación del ser humano y a la subversión de los mejores valores de nuestra cultura occidental. Y todavía peor, este horrendo engendro convertido, a su vez, en virtud de la propaganda y de los mismos cómplices e ingenuos de siempre, en “leyenda rosa”. La realidad es que hoy la educación en Cuba es un verdadero desastre, con instalaciones en ruina, y lo más grave, una educación completamente ideologizada y politizada, fundamentada en las mentiras de la tiranía, dirigida al adoctrinamiento  cívico y ético de los educandos y distanciada radicalmente de los valores naturales y mejores de nuestra civilización. La de los Castro es una educación para crear ciudadanos obedientes, dependientes, y de doble moral.

El Programa de La Rosa Blanca para la Reconstrucción de Cuba, propone tomar lo mejor de nuestras tradiciones en este campo, lo mejor de lo conseguido en la República, actualizado con los avances alcanzados en los países punteros en este terreno. Y ante todo, una educación que “debe tender a la defensa de los valores de la democracia y la libertad, de la patria y de la familia”. El Programa de La Rosa Blanca establece, sin equívocos, que “El Estado asegurará la educación gratuita, incluyendo la segunda enseñanza y garantizará que ningún cubano con capacidades para ello se quedará sin educación universitaria y superior por falta de recursos económicos”. Asimismo subraya que “igualmente se garantizará el desenvolvimiento de la educación privada dentro de los mismos valores antes señalados y en consonancia con nuestras mejores tradiciones patrióticas, cívicas y éticas”.

El Programa de La Rosa Blanca para la reconstrucción, también en la esfera educacional, sin entrar en detalles que corresponderán a los legisladores de la Cuba tras el cambio precisar en su momento, libre y democráticamente, es una propuesta seria para el futuro de Cuba que viene acercándose.

Monday, October 21, 2013

El Programa de La Rosa Blanca


Sobre la crisis actual de la vivienda. La meta: una vivienda digna en propiedad para cada familia cubana

Por Lincoln Diaz-Balart
@LincolnDBalart

Es importante que meditemos sobre la Cuba que se merecen los cubanos. Se impone que pensemos en los modos y vías para la reconstrucción de la nación tras el fin de la represión y la destrucción castrista, que se acerca. En artículos anteriores nos hemos referido a las propuestas de La Rosa Blanca para la reconstrucción económica de Cuba, una Cuba en libertad y próspera. Hoy comenzamos a analizar algunas consideraciones sobre aspectos, si se quiere, más “sociales” dentro del Programa, tales como la Sanidad Pública, la Educación y la vivienda. Por cierto, estos temas han sido tradicionales pilares de la propaganda del régimen, cuyos alabarderos en todo el mundo insisten en presentar como “logros de la revolución”, cuando en la vida cotidiana de los cubanos la realidad marca a la Sanidad Pública, la Educación y la Vivienda como unos escandalosos desastres.

Comencemos hoy por el problema de la vivienda. Ya sabemos que la tiranía, en su locura populista, robó literalmente sus propiedades a todo aquel que las tuviera. Las propiedades, en manos de cubanos o de extranjeros, desde un central azucarero, cualquier empresa o inmueble, hasta el más humilde “sillón de limpiabotas”, fue “nacionalizado” (un eufemismo de robo o confiscación). En el caso de la vivienda, arbitrariamente se determinó que únicamente se podría poseer en propiedad la vivienda habitual. El Estado sería, a partir de entonces, el constructor absoluto, así como el propietario, dador y controlador absoluto. El resultado sería, no podía ser otro, que la calamitosa situación actual del parque de viviendas en el país. Planes y más planes fracasados, el propio régimen reconoce oficialmente un déficit de un millón de viviendas. A todo lo anterior debe adicionarse el estado ruinoso de las viviendas tras décadas de abandono. Pese a todo, el régimen no ha dejado de propagar el infundio de que de producirse un cambio en Cuba, los antiguos dueños vendrán a retomar sus propiedades y desalojarán a los actuales inquilinos (la mayoría habitando en condiciones de verdadero hacinamiento) despojándoles así de lo único que poseen. Intenta la tiranía insuflar el miedo, un recurso que siempre ha utilizado para mantener el poder. La “mafia de Miami” vendrá a quitarles las casas. Cuidado, que ahí viene el lobo, le dicen a los cubanos, como si se tratara de niños. Por supuesto que no es más que un despreciable ardid. Uno más.

Quienes han mantenido en el exilio, sin tregua, en alto las banderas de la libertad y la dignidad de la nación, no abrigan ningún propósito de revancha. En el tema de la vivienda, el Programa de La Rosa Blanca es diáfano y enfático:

“La Rosa Blanca se opone radicalmente a cualquier tipo de desalojo. Los legítimos dueños que así lo demuestren serán indemnizados y los actuales residentes no podrán ser desalojados de las viviendas que habitan. Se respetará el status que posean, es decir, si tienen título de propiedad o contrato de arrendamiento. Los arrendatarios continuarán abonando la renta hasta que alcancen el monto total de la vivienda y se conviertan en propietarios. Un plan de viviendas sociales deberá implementarse como una prioridad, a los efectos de conseguir una vivienda digna en propiedad para cada familia cubana”.

El Programa de La Rosa Blanca nos permite avizorar una Cuba distinta, nueva y libre. No perfecta, pero sí mejor y siempre perfectible. Creemos que, sujeto al enriquecimiento y a los aportes de otros muchos cubanos, el Programa de La Rosa Blanca puede contribuir de forma importante a la Reconstrucción de Cuba.
  

Thursday, September 26, 2013

Pensando en la Nueva República


Por Lincoln Diaz-Balart


El régimen de los Castro porta en sus genes la trampa y la mentira, la brutalidad y el odio. Es su naturaleza. Así ha imperado sobre Cuba durante más de medio siglo. Así se ha agenciado complicidades. Mazazo a mazazo ha ido desmontando el país y viviendo siempre de torpes e interesadas ubres externas. La hoy extinta Unión Soviética fue su gran sustentadora durante decenios. Desplomada esta, cómplices en varios gobiernos y empresas desalmados acudieron a montarle el negocio del turismo y otras ayudas. Pudo así el régimen sobrevivir malamente. Pero el derrumbe continuaba. Vendría a continuación la tubería salvadora del petróleo chavista. Pero al día de hoy la locura venezolana no da para más, y tiene que pensar en cómo sobrevivir ella misma.

El castrismo se revuelve en su fracaso y busca desesperadamente nuevas estrategias que le permitan conseguir lo único que le importa: mantener a toda costa el poder total. Por lo tanto, se activan al máximo los genes de la trampa, la mentira, la brutalidad y el odio. Ese es el fundamento de las “reformas del raulismo”.

La trampa, el engaño, la estafa, para ser eficaces, tienen que tener cierta dosis de credibilidad. Deben cumplir con la máxima de que no hay peor mentira que una media verdad. ¿Han ocurrido cambios en Cuba en los últimos años? Pues se trata de una media verdad. El régimen se ha afanado en dispensar aspirinas y tiritas de mercurio cromo económico y algunas otras cositas, en medio de una gran fanfarria propagandística. Los proclives al auto-engaño se dejan estafar. Pero, es obvio que una parte importante del pueblo cubano, dentro de Cuba y en el exilio, no se deja confundir con el “cambio fraude”. Confrontan al régimen. La tiranía vive sus momentos más difíciles, y lo sabe. Hoy podemos percibir con mayor nitidez las luces de la libertad. Pero al mismo tiempo enfrentamos graves peligros. El ilusorio “cambio” que la tiranía promete y promulga, puede conducir a muchos al espejismo de un cambio real. Y pudiera ocurrir entonces algo peor incluso que lo acontecido a partir del infame Tratado de París que se produjo tras el derrumbe colonial, y que permitió que los poderosos del antiguo régimen continuaran siéndolo, unidos a intereses económicos foráneos, haciéndose prácticamente en exclusiva con la economía nacional; quedando el pueblo y los luchadores independentistas marginados y discriminados. Ahora, lo que pretenden los detentadores de la dictadura militar en la Isla, es “cambiar” para continuar ellos controlando el poder político y económico, compartido, en ciertas áreas, con depredadores externos. El pueblo deberá conformarse, según esos planes, con las migajas que les permita el neo-castrismo neo-esclavista.

Nada que nos lleve a la libertad política será aceptable para los detentadores del régimen. Nada que incluya la sustitución radical de las estructuras represivas de la tiranía y su reemplazo por sólidas instituciones democráticas podrá ser aceptable para ellos. Pero el pueblo cubano no puede aceptar nada que no conduzca a un desarrollo económico al que tenga acceso y participación el pueblo, en igualdad de oportunidades. Por eso, resulta apropiado recordar las propuestas para la reconstrucción de Cuba de La Rosa Blanca para el día después. A saber, recrear el BANDES (Banco de Desarrollo Económico Social) y el BANFAIC (Banco de Fomento Agrícola e Industrial), así como crear el Banco de Fomento de la Pequeña y Mediana Empresa. Es hacia esos organismos que deberán canalizarse partes importantes de los créditos y el financiamiento internacional que, a su vez, deberán llegar a cientos de miles de cubanos descapitalizados para posibilitar el éxito de las buenas iniciativas empresariales de quienes comenzarán en la nueva República descapitalizados. Como se encontraron los mambises al comienzo de la primera República.

Es cierto que, como reza un dicho español “no podemos vender la piel del oso antes de cazarlo”. Primero tenemos que sacar del poder a quienes han destruido el país y desmantelar las estructuras totalitarias. Pero, desde ya, debemos tener clara conciencia de qué país se merecen los cubanos. Una vez más, proponemos el análisis y estudio del Programa de La Rosa Blanca para la reconstrucción de Cuba. Un Programa que no pretende, ni mucho menos, imponer su verdad, pero que es un análisis sereno y profundo y una propuesta a tener en cuenta en el mañana que se acerca.

Monday, September 16, 2013

Palabras Redescubiertas de Rafael Diaz-Balart




 Por Lincoln Diaz-Balart

            Entre los libros de mi padre he encontrado otro que he comenzado a leer, “España inteligible. Razón histórica de las Españas” (Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1985), por el filósofo e historiador español, Julián Marías.
            Recuerdo como, en mi último año en la “Escuela Americana de Madrid”, una joven profesora de literatura, inteligente y elegante, llamada Pauline Pinto, trajo a nuestra clase a su amigo Julián Marías para que nos hablara. Disfruté mucho la oportunidad de conocer al conocido filósofo español que había estudiado con José Ortega y Gasset; nunca lo olvidé.
            Al comenzar a leer “España inteligible”, me encontré entre sus páginas un recorte de un artículo de mi padre publicado en “Diario las Américas”, titulado “La Resurrección de Cuba”. No contiene la fecha de su publicación, pero por su contenido creo que probablemente fue en 1995. A continuación, reproduzco “La Resurrección de Cuba”, por Rafael Diaz-Balart:
Ha escrito lucidamente el historiador y filósofo Julián Marías (en “España inteligible. Razón histórica de las Españas”) que “el nacimiento de España a lo largo de la Edad Media fue más bien una resurrección. Y no se olvide -añade- que la resurrección no es siempre, quizás nunca, idéntica a aquello que resucita, sino, rigurosamente, algo nuevo”.
Desde la derrota del Rey Rodrigo en la batalla de Guadalete (año 711) hasta la culminación de la Reconquista por los Reyes Católicos, en 1492, España vivió más de siete siglos bajo la dominación árabe. Pero en el proceso, surgió como verdadera nación -“proyecto sugestivo de Vida en Común” al decir de Ortega y Gasset--, mientras en la época visigoda y en la musulmana había sido un conjunto de reinos sin definitiva homogeneidad ni cohesión.
Afortunadamente no han sido siglos sino décadas -décadas horribles- , las que nuestra patria ha sufrido y aún sufre bajo la férula castrocomunista, pero la ocupación armada que estableció el terror desde 1959 no ha sido aceptada nunca. La importancia, -entre otros factores-­ de las primeras organizaciones militantes como La Rosa Blanca, Alpha 66, la lucha en El
Escambray, etc.es haber dejado evidencia desde el primer momento del repudio a la barbarie. En el caso de La Rosa Blanca, su voz se alzó desde el 28 de enero de 1959 en defensa de todos los que eran asesinados en el paredón, o metidos muertos o medio muertos en zanjas comunes (como en Santiago de Cuba, el 12 de enero de 1959) o torturados y lanzados a las ergástulas contra toda norma civilizada, y nunca hicimos distinción entre batistianos, revolucionarios o cualesquiera otros cubanos, rechazando ciudadanías de Primera o de Segunda. “Ver con indiferencia cometer un crimen es cometerlo”, nos enseñó el Apóstol.
LAS GENERACIONES
            La tesis orteguiana de periodos aproximados de quince años en la formación de generaciones, nos da un punto de referencia valido para enfatizar el rechazo intemporal del pueblo cubano a la destrucción del Estado de Derecho, la civilización y el acervo espiritual, cultural, político, económico y social de la nación  por el rufián enloquecido y endemoniado que se encaramó en el Poder total y está empecinado en mantenerlo hasta que no quede piedra sobre piedra en la isla ni carne sobre los huesos de nuestro pueblo.
Mientras en el destierro las nuevas generaciones que nacen en suelo ajeno mantienen la devoción por la patria, lo mismo hacen las que nacen en la isla encadenada. En 1980, formada ya la primera generación nacida bajo el Reino de la Barbarie, el éxodo masivo del Mariel y la invasión de la embajada del Perú en La Habana, expresaron con rotunda claridad el sentir, el alma y el anhelo de esa generación.
Ahora, tres lustros después, continúan llegando hombres y mujeres de la segunda generación nacida en cadenas, se lanzan al Mar Caribe en balsas frágiles, prefiriendo morir ahogados o devorados por los tiburones antes que continuar bajo el imperio de la Vesania destructiva y criminal del Loco Endemoniado. El alma cubana sigue libre, las cadenas sólo pueden encadenar al cuerpo, pero llegará el día en que se romperán en mil pedazos y el cuerpo de la patria pueda también disfrutar libertad.
LAS TRADICIONES
Lo primero que hizo el déspota enloquecido fue establecer el reino del terror como instrumento para asegurarse el poder total sine die. Comenzó clasificando cubanos para fusilar o encarcelar a unos con la aprobación y la indiferencia de los otros y para confiscar y robar con el mismo método y terminar fusilando, encarcelando, confiscando y encadenando a todos por igual. Para ello, quiso asesinar también las mejores tradiciones maceicas, martianas, cristianas y cubanas de fraternidad por encima de diferencias de partidos políticos, creencias religiosas u orígenes étnicos. No se puede “tirar la toalla” a nadie, ordenaron los rufianes del odio, al tiempo que enlodaban y falsificaban la historia para inventar una Cuba que nunca existió y justificar su destrucción mientras ocultan o disfrazan la Cuba miserable que han creado.
PREVALECERÁ EL AMOR
No es mi propósito extenderme en pormenores de un diagnóstico que conoce todo buen cubano y todo hombre y mujer de buena fe medianamente informado, a lo largo y ancho del planeta.
Lo que sí me interesa es transmitir la convicción y la fe inquebrantable en la Resurrección de Cuba y en su reconstrucción económica y espiritual en el Estado de Derecho que inexorablemente llegará. Para ello es indispensable rescatar la verdadera historia de nuestra patria y el balance positivo de nuestra Primera República en sólo 56 años de vida (1902-1958). Haciéndolo, no estaremos mirando hacia atrás sino auscultando nuestras raíces, mirando hacia dentro, hacia lo hondo del alma cubana, invencible, fraterna e ilusionada. Estaremos contribuyendo a la Resurrección de Cuba, “que no será idéntica a aquello que resucita, sino, rigurosamente, algo nuevo”. Prevalecerá el amor.

Sunday, September 1, 2013

Las dos mitades de una historia y el futuro


Por Lincoln Diaz-Balart


Dentro de poco más de un año, la historia de Cuba, desde su independencia hasta ahora, se podrá dividir en dos mitades: 56 años de República por un lado, y 56 años de tiranía totalitaria por otro. El balance entre una mitad y la otra es en verdad aterrador. Una fotografía fija de cada una de las mitades podría llevar a un observador inadvertido a la conclusión de que se trata de dos países diferentes. Difícilmente puedan encontrarse otros ejemplos de una involución, de un desastre nacional tan minucioso y sostenido como el acaecido en esta segunda mitad de la historia reciente de Cuba.

En 1902, al constituirse Cuba como República, el panorama económico y social del país no podía ser peor, tras cuatro siglos de colonialismo y opresión y finalizada una cruenta y devastadora guerra de liberación. Ciertamente parecía casi imposible levantar la nueva nación en medio de tamaña ruina. Sin embargo, se logró. Sobre todo, por el entusiasmo y la voluntad emprendedora de un pueblo que, al fin libre, se empecinó en conseguir elevados niveles de desarrollo. Así, en efecto, con sus luces y sus sombras, en 56 años Cuba alcanzó niveles de prosperidad y bienestar que la colocaron en sitios punteros en América y el mundo.

La Cuba republicana no era una sociedad perfecta. Ninguna sociedad lo es. Existían, cómo no, múltiples problemas. Aunque podíamos exhibir notables niveles de alfabetización y de adelanto cultural, quedaba mucho por hacer. Sus deficiencias, sin embargo, no explican –y mucho menos justifican- la debacle que sobrevendría en enero de 1959 y que contaría, incomprensiblemente, con tan enorme respaldo inicial.

Las causas más profundas son otras. En mis largas e inolvidables charlas con mi padre, recuerdo haberle preguntado cómo fue posible el súbito derrumbe de la República. Su respuesta resultó en la más certera interpretación que conozco de la Historia de Cuba. En realidad, me dijo, la sociedad civil no era tan robusta como parecía. Y es que estaba lastrada por el racismo y el clasismo. Los poderosos de la etapa colonial, económica y políticamente, continuaron siéndolo en la República. Los mambises quedaron marginados. Y entre los mambíses, los negros y mulatos que habían aportado la masa principal de la tropa y más de 30 generales del Ejército Libertador. Por cierto, en el poco conocido ensayo de Gastón Baquero “El negro en Cuba”, encontramos coincidencias extraordinarias con la tesis de Rafael. El político y el genial poeta concuerdan en el peso gravoso que ha tenido en la historia de Cuba el racismo y el clasismo.

Así, en 1959, una pandilla de ladrones y aventureros se hizo con el país, convirtiendo rápidamente a la República en su finca particular. El punto de arranque para la nueva etapa que se iniciaba cargada de promesas, era, por mucho, superior al que se encontraron los cubanos al comienzo de la República, 56 años antes. Hoy, casi cincuenta y seis años después, el panorama de la sociedad cubana tiranizada por los Castro es desolador. En primer lugar, los cubanos no son ciudadanos, sino literalmente siervos de los amos de la finca. La economía ha sido arrasada. Las infraestructuras de carreteras, de transporte, de abasto de agua limpia y potable, de alcantarillado, son tan precarias hoy como las de principios del siglo XX. El daño material y el antropológico causado durante casi 56 años de tiranía es monumental.

No obstante, debemos ser optimistas. La historia de Cuba nos enseña que se puede renacer de las ruinas. Ya lo hicimos en los 56 años de vida republicana.

Afortunadamente se perciben claras señales de que algo positivo, bien encaminado, está teniendo lugar entre los cubanos, más allá del desastre en que el castrismo ha convertido a la patria. Es imperativo que, además de la prioritaria lucha por deshacernos de la tiranía, meditemos sobre qué patria, qué tipo de sociedad queremos. Muchos han pensado y piensan al respecto. Me parece que sería positivo que nos acercáramos al Programa para la reconstrucción de Cuba de La Rosa Blanca. La fuente de ideas, de propuestas que allí encontraremos es formidable e inspiradora. Y ante todo, la certeza de que sí tenemos futuro. Que está al alcance de la mano. Sólo demanda nuestro compromiso de resistir y perseverar en la tarea. Lo merecen las generaciones de cubanos que vivirán en los próximos 56 años. Lo merece Cuba.