Sunday, July 14, 2013

Orestes Ferrara




Por Lincoln Diaz-Balart

Me alegró mucho saber que mi amigo Orestes Matacena preparaba una página electrónica sobre su tío-abuelo, el gran estadista cubano Orestes Ferrara.


Yo admiro la figura histórica de Orestes Ferrara. Soy uno de sus “favorables amigos del mañana” a los que él hace referencia al final de su autobiografía, que tituló “Memorias – Una Mirada Sobre Tres Siglos”. (“El siglo 19 me dio un vigoroso empuje hacia el gran paso que existe entre la esperanza y el hecho; el 20 me ha formado en la batalla establecida entre el bien y el mal; y los nuevos aires que se entrevén del siglo 21 me están dando el somnífero para gozar de una tranquilidad sin aspiraciones” escribió en 1968, a los 92 años de edad.)



Recomendar la lectura de las memorias de Ferrara es sugerir el reencuentro constante con la sabiduría a través de las experiencias de una vida excepcional, de un hombre genial, motivado por el amor a Cuba y a la libertad. Orestes Ferrara nació en Nápoles, Italia, en 1876. Su abuelo había luchado por la unidad italiana. Su padre, Eduardo Ferrara, había peleado junto a Garibaldi. Orestes Ferrara estudiaba la carrera de derecho en Nápoles cuando decidió irse a Cuba a luchar por su independencia tras enterarse del comienzo de la guerra organizada por el apóstol de la libertad cubana, José Martí. El joven enamorado de la libertad llegó a Cuba en 1896. Pronto conoció a Salvador Cisneros Betancourt, que presidía la República en Armas. En la manigua libertaria, por su brillantez y su heroísmo, Ferrara llegó a ser Coronel del ejército Mambí, y se desempeñó como ayudante del Mayor General (más tarde el segundo presidente de la República) José Miguel Gómez.



Terminó sus estudios de derecho en La Habana. Asumió, muy joven aun, la cátedra de derecho político de la Universidad de La Habana. En las elecciones de 1908, en las que fue electo presidente José Miguel Gómez, Ferrara fue electo Representante a la Cámara, y sus compañeros lo eligieron Presidente de la Cámara de Representantes.



El estudio de la vida de Ferrara está repleto de lecciones. Tras el comienzo mismo de la República, los antiguos “autonomistas”, que junto con “guerrilleros” y “voluntarios” habían combatido ferozmente a los independentistas, disfrutaban de ministerios y embajadas en los gobiernos de la República. Muchos de los ex-mambises, en cambio, se sentían marginados en su propia patria. Los pocos líderes independentistas que habían poseído fortunas las habían perdido por expropiaciones del gobierno español. Dichas fortunas nunca les fueron devueltas a ellos ni a sus descendientes. La República comenzó con el poder económico en manos de los que más la habían combatido, y con los libertadores en la pobreza. Los negros y mulatos, que habían constituido un porcentaje probablemente mayoritario del ejército libertador (Manuel Maza Miquel, en su importante libro, “Entre la Ideología y la Compasión” (1997), relata como en muchos casos los negros y mulatos constituían hasta el 85% de las tropas insurrectas en las dos guerras), sentían más que nadie la alineación dentro de su propia patria. Como explica Gastón Baquero en su magistral ensayo “El Negro en Cuba” (1974), solo a través de la política pudieron comenzar a obtener fuerza dentro de su patria muchos de los ex-mambises.



Durante el gobierno de José Miguel Gómez, Orestes Ferrara fue enviado por el presidente cubano a Washington para evitar una segunda intervención americana en la República de Cuba, motivada esta vez por el temor al alzamiento que se había producido por el general Ivonet y el capitán Estenoz, ambos ex-oficiales del ejército libertador, y negros. El evitar esa ya -prácticamente – decidida intervención americana requirió toda la capacidad diplomática de Ferrara. El problema racial, la existencia tanto en la colonia como en la República de una inaceptable e injusta discriminación racial, la forma en que esta exacerbó aún más la marginación de los libertadores (y sus descendientes) dentro del país que ellos mismos habían creado, el poder económico de la República en manos de ex-autonomistas y otros elementos profundamente anti-República, y cómo incidieron estos factores en la llegada al poder absoluto de un hijo (blanco) de un soldado del ejército de ocupación español de Valeriano Weyler que odia y ha esclavizado a los cubanos, esto, hasta hoy, (con la excepción del ensayo ya mencionado de Gastón Baquero), ha sido muy poco estudiado.



Orestes Ferrara, como escribió su buen amigo, ex-compañero de la Cámara y más tarde presidente de la Asamblea Constituyente de 1940, otro gran cubano, Carlos Márquez Sterling, era, aun “más que político, un hombre de estudio. Su amor a la libertad, a la manera del liberal del siglo 19, era su doctrina. Talento, valor, audacia, tacto, prudencia, espíritu de aventura, ideales, realismo, romanticismo, destreza, habilidad. Sentido de límite. Conocimientos diversos. Una cultura inmensa. Hablaba varios idiomas, y poseía un “saber hacer las cosas”, que nunca le fue superado por sus contemporáneos.”



Ferrara fue abogado de importantes empresas multinacionales, autor de múltiples libros, Ministro de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Estados Unidos, Embajador de Cuba en España y en la UNESCO, miembro de la Asamblea Constituyente de 1940, donde su conducta nos da otra idea de su amor por Cuba. Ferrara había regresado a Cuba del exilio, al haber sido electo miembro de la asamblea que redactaría la Constitución de 1940. Sabía que su vida peligraba, pero su sentido del deber predominó como siempre en él. A los pocos días de haber regresado a Cuba, fue objeto de un atentado, en el que murió su chófer. Tras dos meses en el hospital seriamente herido, regresó a la convención “con el brazo y la espalda voluminosamente vendados”, ya redactada la Constitución prácticamente en su totalidad. Si hubiera podido participar en la mayoría de las sesiones, “me hubiera batido para cancelar, o por lo menos para disminuir la estadolatría del proyecto. Pero, el eterno pero, tuve que favorecer el proyecto en lugar de combatirlo. Aun opinando en contra del documento redactado, la necesidad me puso a su favor.”



La integridad y el carácter se evidencian a lo largo de la fascinante vida de Ferrara. Al entender que había errado, admitía sus errores. Explica, por ejemplo, como se había equivocado al haberse opuesto a las importantes obras públicas planificadas y llevadas a cabo por el Ministro de Obras Públicas del Presidente Machado en la década de los años 1920, Carlos Miguel de Céspedes.



Estudiar a Ferrara es no solo estudiar historia a lo profundo, sino aprender además de filosofía política, de, por ejemplo, “la unidad de la religión y de la política, por ser ambas expresiones espontáneas de la cooperación humana”, o de cómo “del reeleccionismo han venido todos nuestros males”.



Pero, sobre todo, estudiar a Ferrara es estudiar el amor por Cuba en acción. En sus memorias vemos como, al final de sus días, nuevamente exiliado, “me he mantenido fuera de Cuba. Hubiera podido recobrar la nacionalidad italiana, no lo he hecho ni lo haré. A los 92 años espero erguido y respetado que la victoria sonría a los que la merecen y que la incapacidad desaparezca, por fin, del gobierno de mi país. He quedado cubano, en la desgracia, como en los buenos tiempos. Tengo la misma fe en Cuba que tuve en los campos frondosos de la isla.”



La incapacidad, hoy manifestada en su forma más brutal e inhumana, desaparecerá del gobierno en Cuba. Y Cuba nunca olvidará a Orestes Ferrara.

Monday, July 1, 2013

Millo Ochoa




Por Lincoln Diaz-Balart

El 27 de junio se cumplen seis años del fallecimiento, a los pocos días de cumplir cien años de edad, de uno de los más grandes hombres de la Primera República de Cuba (1902-1958), Emilio “Millo” Ochoa. A continuación reproduzco las palabras que pronuncié en su funeral en Miami. Nunca olvidaré a Millo.



A Marta su viuda, amada compañera y colaboradora de Millo Ochoa, a su hija Beba, a su yerno Rafael, y a toda su maravillosa familia, nuestro más fraternal y sentido abrazo de cariño y solidaridad en estos tristes momentos de despedida de nuestro admirado y querido Millo.



Cuando yo llegué a vivir al Sur de la Florida después de graduarme de abogado en el norte de Estados Unidos en 1979, con la típica modestia de un joven con prisa, quise tener un programa de radio, un programa de radio que se llamara “Habla la Juventud”. Yo creía que tenía algo que decir. El problema más obvio que confrontaba en ese momento para conseguir el programa de radio es que yo no conocía a nadie aquí.



Pero mi padre y Millo Ochoa eran amigos, y Millo estaba exiliado aquí en Miami. Mi padre habló con su amigo Millo, que, a su vez, habló con su amigo y abogado desde los días de otro exilio de Millo aquí en Miami, muchos años atrás, en la década de los 1950, Carlos Benito Fernández, y, sin conocerme, Millo le pidió a Carlos Benito un programa de radio para el hijo de su amigo Rafael Díaz-Balart. Y Carlos Benito, también sin conocerme, le dijo, “Millo, a ti no se te niega un favor”. Carlos Benito Fernández en ese momento era accionista de la emisora “Ocean Radio”, después convertida en “Unión Radio”. “Dile a ese muchacho Díaz-Balart que tiene su programa de radio”, le dijo Carlos Benito a Millo.



Así conocí yo a Millo Ochoa, y a Carlos Benito Fernández. Ese era Millo. Ese era Carlos Benito. Esa era Cuba. Reverencia y devoción por la amistad. El fundador de la nación lo dijo como nadie más puede. Martí escribió sobre la amistad: 



Tiene el leopardo un abrigo en su monte seco y pardo.



Yo tengo más que el leopardo, porque tengo un buen amigo.



Tiene el Señor Presidente un jardín con una fuente y un tesoro en oro y trigo. Tengo más, tengo un amigo.



Después, ambos, Millo Ochoa y Carlos Benito Fernández, fueron entrañables amigos míos, de esos amigos del alma que nos acompañan a través de todas nuestras vivencias y experiencias tras el desarrollo de ese hecho, la amistad, que es una de las más bellas manifestaciones del amor.



Y llegué a comprender a través de una especie de viaje maravilloso de profundización de mi amistad con Millo Ochoa, su grandeza espiritual y la amplitud y limpia transparencia de su alma privilegiada.



Mi padre, que fue económicamente un hombre de grandes altos y bajos, me contó a los pocos meses de llegar yo a Miami en 1979, que su amigo Millo Ochoa, al enterarse que mi padre estaba pasando en ese momento por uno de sus momentos bajos económicamente, se apareció en su apartamento en Key Biscayne con un cartucho lleno de dinero en efectivo, con unos 2500 dólares, que Millo le explicó era el dinero que había podido ahorrar en su trabajo diario de entonces como taxista en Miami. “Gracias Millo, pero por favor guarda ese dinero,” le contestó mi padre, al insistirle y por fin convencer a un Millo renuente que se quedara con sus ahorros.



Reverencia y devoción por la amistad. Grandeza espiritual, amplitud y limpia transparencia de alma, no eran características teóricas en Millo –eran una viva realidad– como también lo era su generosidad sin límite. Millo jamás dejó de servir al prójimo hasta sus últimos días en esta vida. Hace solo unos meses, cuando unos seres que dan lastima criticaron a mi fallecido abuelo en un artículo de periódico con motivo de que un edificio en la Universidad de “FIU” recibió su nombre, fue Millo Ochoa, con su inigualable autoridad moral adquirida a través de su conducta ejemplar en la historia de la República de Cuba, que sentenció en el artículo: “Díaz-Balart fue un alcalde de Banes muy querido por su pueblo y fue muy honesto”. Sirviendo hasta sus últimos días. Cuando me llamaba por teléfono nunca era para pedirme un favor para él, sino para otros. 



Yo tuve el placer hace unos años –aunque Millo no me lo pidió– al enterarme que Millo había perdido su trabajo en una oficina donde trabajaba (tenía entonces como 95 años), e iba fielmente todos los días a trabajar, yo tuve el placer de llamar a la agencia (creo que era la “AARP”, la Asociación Americana de Personas de la Tercera Edad) y le pude explicar al director, quien era ese hombre mayor que iba a trabajar allí. Ex-Senador de la República de Cuba, Miembro de la Asamblea Constituyente de 1940, fundador de dos –no de uno, de dos– partidos políticos que llegaron a tener entre los mayores niveles de popularidad en toda la historia de la República. Lo reinstituyeron en su trabajo en la agencia de personas mayores. Y Millo siguió trabajando, manejando su automóvil a su trabajo, con su suprema dignidad, cada día.



Nunca he conocido a un ser humano que he admirado más que a Millo Ochoa. Cuba tuvo en él a un hijo muy especial. La mezquindad y lo injusto sencillamente no cabían en él. La motivación de su vida era el amor, manifestado a través del servicio y la lucha perenne por la justicia, la democracia y el estado de derecho para Cuba.



Al releer en días recientes el “Elogio al Político” escrito en 1978 por el gran pensador, ensayista y poeta cubano Gastón Baquero, pensé que es como si Baquero estuviera aquí, hoy, hablándonos a nosotros y a las futuras generaciones sobre el político de vocación, como Millo Ochoa. Escribió Gastón Baquero:



“Entre todos nos encargamos, en la República, de maltratarlo, de escarnecerlo, y de presentarlo como un ser nocivo para la sociedad. Pretendíase que todos los males de Cuba Republicana provenían de la mala calidad, moral e intelectual, de los políticos. No se alcanzó a comprender la función del político, no ya en su alta dimensión de legislador, de estadista, de creador de respuestas para las necesidades de la colectividad, sino en la más humilde función de enlace entre los ciudadanos, todos los ciudadanos, y el Estado. 



Esa función de enlace la realiza el político en una pura y vigorosa práctica cotidiana de la democracia. El político es el único hombre que tiene, con el sacerdote y con el médico, la obligación profesional de ser para todos, de estar al servicio de todos. Espontánea o forzosamente, el político tiene que contar con el pueblo, tiene que entenderse con el pueblo y que entender al pueblo. Él es el intérprete, el portavoz, el procurador. Con su diálogo diario destruye las castas y reduce las diferencias de clase. De faltar el mediador, el vaso comunicante, que es el político, la sociedad no evoluciona, no se reforma, no cambia para rectificar sus fallas. Es por eso por lo que las grandes tiranías o dictaduras inmovilistas no cuentan para nada con el político, que obviamente se queda sin función cuando un gobernante o un partido exclusivo deciden tomar por sí y ante si todas las decisiones.



Esa fobia al político fue siempre un mal, pero en nuestros tiempos es una de las formas más directas y fulminantes que maneja la oligarquía, la burguesía alta y mediana de cada país para suicidarse. No entienden que cuando el político se queda inactivo, el vacío que el deja lo ocupan los terroristas, los constructores del paredón, los ciegos destructores de cuanto existe. Nicolás Lenin, una vez en el poder, no antes, por supuesto, preguntaba; “¿Política para qué, elecciones para qué, libertad para qué?” Los repetidores de las consignas totalitarias del leninismo preguntaron también en Cuba, desde los primeros días del 59 -antes no, por supuesto- ¿para qué los políticos, para qué las elecciones, para qué la libertad? Porque Lenin sabía que político es sinónimo de derechos para el hombre en libertad de elegir sus gobernantes y de elegir el sistema que considere mejor. Donde no hay política y políticos, hay tiranía y esclavitud.



La política genuina es una vocación, una llamada que viene desde lo más hondo del ser, y ante la cual no caben las escapatorias ni las imposiciones del exterior. Se nace político como se nace poeta o se nace pintor. El estudio de la ciencia correspondiente y el perfeccionamiento continuo, complementan y llevan a su plenitud lo que la vocación hizo descubrir desde la niñez. Pero si no se parte de ese misterio que es la vocación irrechazable, el destino de la persona sobre la tierra, no hay nada que hacer, por mucha voluntad que se ponga en realizar lo impuesto como una obligación o como un deber.



El político vocacional vive para la política, lo que es lo mismo que decir que vive para los demás, no para él. Un político verdadero es por esencia el reverso del egoísta y del monopolizador de oportunidades para su beneficio personal. Su razón de ser es la comunidad, la polis. No sabe, ni quiere, estar solo. Sacrifica todos los días su intimidad y su comodidad por su entrega a lo público, por la constante oferta que de sí mismo hace a los otros. Hay un abismo tal entre el político vocacional y el coyuntural u oportunista, que se comete una grave injusticia cuando a alguien que está en la política por Destino, porque es ahí donde realiza su ser y cristaliza su personalidad, se le confunde o se le identifica con el pseudo-político, con el que pasa por el escenario de la política en busca de otra cosa”.



A Millo le gustaba cuando yo decía que él era mi mentor. Es verdad. Él fue y será siempre mi mentor. Como lo será para muchos en las generaciones del futuro cuando lleguen a conocer la historia de Millo. Después de conocerlo yo siempre quise (y yo quiero) ser como Millo Ochoa. Aunque sé que es una tarea muy, muy difícil. Pero estoy orgulloso de ser político, como Millo Ochoa. Estoy orgulloso de tratar de ayudar a los que piden mi ayuda, como siempre hizo Millo Ochoa. Y estoy orgulloso de amar a Cuba y de creer en su futuro, libre, próspero y feliz, como Millo Ochoa.

Wednesday, May 29, 2013

20 de Mayo, Fecha Inolvidable




Por Normando Hernández, ex prisionero de conciencia cubano

Cuenta, Rafael Ortiz en su libro: Cuba: Primeros años de Independencia (1911), que  el 20 de mayo de 1902 en Cuba “La alegría era general, y era legítima; palpaban los cubanos sus ensueños… todas las fiestas celebradas hasta 'entonces' habían sido pálidas comparadas con las de esa fecha inolvidable…" Y no era para menos después de haber estado IV siglos colonizados por el Reino de España y tres años bajo la ocupación de los EE.UU.

En la diáspora no solo los cubanos celebraron el nacimiento de la República. El periódico de Tampa, The Morning Tribune, en una reseña titulada “The Cuban Citizens Hail Their New Republic” aseguraba: “Pocas fueron las casas de Ybor City y West Tampa que no pusieron en evidencia la consagración de Cuba Libre. Los hogares y los negocios de los cubanos residentes en Tampa estaban engalanados con banderas y retratos de los héroes cubanos... Los comerciantes norteamericanos mostraron su alegría adornando, también entusiastas, sus negocios con los colores de Cuba. Auspiciados por el Club Nacional Cubano, hubo varios actos con saludos de artillería, música, discursos, voladores, fiestas y servicios religiosos, los cuales hicieron que esta celebración del 4 de Julio cubano en Tampa no pueda olvidarse por los cubanos ni por toda la ciudadanía"

Lamentablemente, dentro de cuba, estas celebraciones solo duraron 57 años. En 1959 llegaron al poder los hermanos Castro, quienes con su ideología anticubana rechazaron el 20 de mayo como fecha patria.

Pero gracias a Dios los dignos cubanos no permiten les arranquen su historia. Continúan celebrando el 20 de mayo dentro de Cuba bajo la represión castrista. Los que viven en la diáspora, al igual que los de aquella época de 1902, lo celebran también.

Los norteamericanos no se quedan atrás. No podemos olvidar la solidaridad de  George W Bush, ex presidente de  los EE.UU. quien en sus ocho años al frente del país más poderoso del mundo no dejó ni un solo 20 de mayo de enviar mensajes y celebrar junto a los cubanos tan significativa fecha. No podemos olvidar que el 20 de mayo de 2007, George W. Bush dio a conocer públicamente el envío de teléfonos celulares a Cuba. Como tampoco podemos olvidar su “Iniciativa para una Nueva Cuba” o la “Comisión de ayuda a una Cuba Libre”  ni su proclamación del 20 de mayo como día de la solidaridad con el pueblo cubano.

Quiera Dios que prácticas como las iniciadas por el ex presidente Bush, sean tomadas en cuenta por la actual y futuras administraciones de EE.UU. para que el 20 de mayo en USA, sea verdaderamente un día de solidaridad con el pueblo cubano, para que más temprano que tarde podamos celebrar en Cuba la más grande de las fiestas como se celebró en 1902. Por eso Luchamos. Y con palabras de George W. Bush decimos: “No aguardamos para el día de la libertad de Cuba, trabajamos para el día de la libertad de Cuba”. Amen.

Tuesday, April 30, 2013

Venezuela en la llave estranguladora castrista


Por Lincoln Diaz-Balart

Tomemos conciencia del momento que estamos viviendo.
Los Castro se han robado las elecciones en Venezuela. Un títere, desde hace muchos años escogido por Fidel Castro para el momento de la sucesión de Hugo Chávez, Maduro, ha sido impuesto en el poder a pesar de su clara derrota a manos del líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles.
Como dije públicamente el 5 de marzo, el día que anunciaron la muerte de Chávez, el robo de las elecciones ya había sido consumado; ya habían impuesto a Maduro como presidente interino a pesar del requisito constitucional chavista de que el presidente de la asamblea legislativa, Diosdado Cabello, asumiera provisionalmente la presidencia y convocara las nuevas elecciones. Durante la última fase del largo proceso de la enfermedad de Chávez, el presidente de la asamblea legislativa venezolana estuvo en La Habana para reunirse con Fidel Castro. Cabello le rogó a Castro que se cumpliera el formalismo constitucional chavista. Cabello le aseguró a los Castro que ellos tendrían su absoluta lealtad, y que, por lo tanto, se debería seguir el formalismo constitucional para, así, no crear posibles obstáculos para el régimen venezolano por parte del gobierno del Presidente Barack Obama y el resto de la comunidad internacional.
Pero, desafortunadamente para Cabello, Fidel Castro conoce bien las características fundamentales de los Presidentes de Estados Unidos, a quienes tiene que temer y a quiénes no. Castro sabía perfectamente que la imposición de Maduro, a través no solo de la violación del requisito constitucional de la presidencia interina de Cabello, sino del robo de las elecciones presidenciales el día en que el pueblo acudiera a las urnas, sería aceptado por el Presidente Barack Obama, y, por lo tanto por el mundo, sin mayores dificultades para los Castro. Fidel Castro rechazó la petición de Diosdado Cabello y decidió mantener, sin desvío ni paréntesis, su decisión de imponer a Maduro como Presidente de Venezuela.
Fidel Castro y su hermano el tirano en funciones han logrado retener la petrochequera venezolana a través de la imposición de su títere Maduro. No solo reciben miles de millones de dólares anuales en recursos pertenecientes al pueblo del rico país suramericano, sino que deciden quienes son los otros receptores del dinero venezolano, incluyendo los constantes maletazos llenos de efectivo como el que se incautó por las autoridades rumbo a la presidenta de Argentina.
Mientras el pueblo cubano sufre las consecuencias de 54 años de destrucción económica total y es víctima cada día del terrorismo de estado a manos de la policía política de la tiranía (la única institución que funciona con eficacia en la Cuba de Castro), Fidel Castro y su hermano el tirano en funciones disfrutan del control de los vastos recursos económicos del pueblo venezolano. Como no existe contrapeso internacional alguno a sus diseños en la era de Barack Obama, los hermanos Castro nunca han disfrutado de una influencia internacional como la que tienen hoy.
La luna de miel de los octogenarios hermanos Castro, sin embargo, no les durará mucho.
       Primero, porque el pueblo venezolano es, como reitera su bello himno nacional, bravo. La oposición al control castrista sobre Venezuela no claudica, y tiene un líder inteligente y capaz en Capriles.
Segundo, porque el pueblo cubano no ha dejado de luchar por su libertad, ni un solo día, durante las largas décadas de su calvario a manos de la Anti Cuba castrista. Cada día hay un mayor número de héroes dentro de Cuba luchando por la liberad, con una valentía personal admirable y con inteligencia e imaginación. También habrá, cada día, mayor coordinación de la oposición interna con el exilio, que desempeñará una función clave en la nueva etapa de la lucha por la instauración de un Estado de Derecho en Cuba.
Y tercero, porque Estados Unidos – neutralizado hoy en día por su dirigencia, también cambiará, y será nuevamente una críticamente importante fuente de solidaridad con los luchadores por la libertad.
Los Castro nunca han tenido mayor influencia internacional, pero estamos ante el crepúsculo de su barbarie. La libertad de Cuba llegará mucho antes de lo que muchos creen. El tirano Fidel Castro y su hermano, el tan-mediocre-como-asesino-tirano-en-funciones, pronto estarán sepultados en el basurero de la historia, y su memoria será repudiada para siempre por los cubanos.

Monday, April 22, 2013

Los Castro y su Maquillaje y Difraz de las Prisiones


Por Dr. Darsi Ferret

Por más de medio siglo Cuba constituye un estado policiaco. Es un campo de concentración con alambradas, donde la "ley" no es otra cosa que un instrumento de dominación al servicio de los castristas. La élite gobernante controla y es dueña de todos los poderes estatales (ejecutivo-legislativo-judicial). 

De hecho, si se analiza lo referente a los tribunales, se tiene la realidad de que los jueces, fiscales y abogados son plantilla y empleados del gobierno, sin ninguna independencia y completamente sometidos a los intereses del régimen. Una curiosidad, que para nada asombra, en todo el territorio de la isla la única cárcel abierta a la opinión pública es la prisión de la Base Naval de Guantánamo, perteneciente a los EEUU. Las cárceles de los Castro han permanecido herméticas a los ojos curiosos de las instituciones internacionales encargadas de supervisar el trato y las condiciones de los reclusos donde quiera que se denuncian irregularidades. 

En lo que representa una torpe manipulación de la realidad interna y una burla a la comunidad internacional, hace unos días los Castro organizaron una visita dirigida de la prensa extranjera acreditada en el país a varias prisiones escogidas y preparadas con antelación. Esos periodistas no tuvieron acceso a los presos políticos ni a los comunes con opiniones molestas. Y, como es de esperar, esa poco frecuente función circense tiene un propósito malsano. Esta vez pretenden limpiar su imagen ante la próxima Revisión Periódica Universal a la que les toca someterse en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y a la que llegarán señalados como perpetradores de violaciones de las libertades y derechos fundamentales de los cubanos. 

En el 2009, como castigo de mi labor opositora, tuve que pasar por el Gulap antillano. Allí pude constatar que las prisiones son antros de torturas físicas y psicológicas. Todas están atestadas de reclusos que sobreviven en condiciones infrahumanas y en un hacinamiento atroz. Los nuevos que van ingresando están obligados a dormir en el suelo durante meses por la falta de camas. Las literas en las galeras son de tres pisos, la falta de espacio y el calor resultan asfixiantes. Estos lugares no tienen prácticamente ventilación y la iluminación es pésima. La falta de higiene e insalubridad favorece la propagación de vectores de enfermedades de todo tipo, como ratas, cucarachas, moscas y mosquitos. El maltrato y las golpizas de los guardias son constantes. La alimentación no satisface las necesidades de nutrientes para sostener la salud y muchas veces los pocos alimentos se sirven descompuestos. Casi no existe asistencia médica y mueren reclusos por causas evitables. 

O sea, el sistema penitenciario de los Castro, con una población penal superior a los 100 mil reclusos, es medieval y plagado de crueldades. Toda una gran máquina de moler a todo el que les cae en sus manos. Cualquier otro criterio es puro cuento vietnamita.


Tuesday, April 9, 2013

The Importance of The Three Conditions




By Lincoln Diaz-Balart 
            At this time, when the democratic opposition within Cuba is acquiring greater strength and showing extraordinary political maturity, I believe it is important to remember the reasons for the existence of the U.S. embargo and the three conditions for its lifting.
When I arrived in the U.S. Congress in January 1993, I was able to confirm that U.S. law did not prohibit trade and financing with the Cuban regime by the great majority of U.S. corporations. I was truly impacted by the fact that U.S. law only prohibited trade and financing with the Cuban regime by foreign subsidiaries of U.S. companies, but not by U.S. companies inside the U.S. (in other words, the overwhelming majority of U.S. firms). Mass U.S. tourism to Cuba was also not barred by law. All existing sanctions at that time were contained in Executive Orders, that, of course, could be lifted by other Executive Orders, at any time, by any President.
            Since I was convinced that no dictatorship in history has ever given anything to the democratic opposition in exchange for nothing, and since I did not have confidence that the President of the United States would insist that a genuine democratic transition for the Cuban people be underway before lifting the embargo on the regime, I decided to codify, to enact into law, those Executive Orders; the prohibitions on commerce, on financing, and on mass U.S. tourism to Cuba, and to condition the lifting of those sanctions (commonly known as the embargo) on three conditions within Cuba: 1) the liberation of all political prisoners, without exceptions; 2) the legalization of all political parties, without exceptions, of the independent press and free labor unions; and 3) the scheduling of free elections with international supervision for the Cuban people.
            In March 1996, with the decisive help of Ileana Ros-Lehtinen and Bob Menéndez, I achieved codification. All the Executive Orders that constituted the embargo were made part of U.S. law, as well as the three conditions for their lifting. I believe it was the most important achievement of my 18 years in the U.S. Congress.
            I was convinced then, and I continue to believe, that the U.S. embargo and the conditioning of its lifting upon the requirement that a genuine democratic transition based on the three conditions be underway in Cuba, constitute instruments of great importance in the hands of the Cuban opposition.