Thursday, May 15, 2014

Repaso a las Treinta Preguntas sobre Libertad Religiosa en Cuba


Por Mario Felix Lleonart, enviado a la Comisión de Justicia y Paz del Vaticano: pcjustpax@justpeace.va y publicado en el blog: www.cubanoconfesante.com


#5.  ¿Por qué no ha rendido cuentas por la ola represiva que tuvo lugar durante la visita del papa Benedicto XVI durante la cual centenares de personas fueron detenidas arbitrariamente o amenazadas, y de la cual aún permanecen en prisión y amenazados a severas penas Sonia Garro y su esposo Ramón Alejandro Muñoz?


Cuando pienso que de la visita de Benedicto XVI a Cuba han transcurrido ya más de dos años me lleno tanto de asombro como de indignación.  Pero que el tiempo ha pasado inexorablemente nadie puede negarlo. Han sucedido tantas cosas.  Tan solo en lo relacionado al ámbito eclesiástico del Vaticano, además de la reciente histórica canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II, tuvo lugar hasta un cambio de Papa, también histórico.  Ante los ojos asombrados del mundo el Benedicto XVI que estuvo en Cuba dejó de serlo para volver a ser simplemente Joseph Razinger, dedicado, comprensiblemente, solo a la oración, ceniza y penitencia, dejando su lugar en el papado a Mario Bergoglio, convertido en Francisco. 
Tengo la fe que entre los rezos y avemarías de Razinger ocupe intensos momentos un matrimonio negro que, como secuela de su visita a Cuba, permanece confinado desde entonces en cárceles cubanas, sin que siquiera haya mediado un juicio, justo ni injusto.  Siendo como fui victima también de aquella ola represiva, donde centenares de personas incluidas en la lista negra del sistema, mi esposa y yo estuvimos detenidos domiciliariamente en un edificio rodeado por fuerzas de la Seguridad del Estado de la ciudad de Alamar donde vivía un colega pastor a quien visitábamos, me parece increíble que esta otra pareja permanezca tras las rejas desde entonces.  ¿Será entre otras razones por no tener blanca la piel como nosotros?  La realidad es que aunque el tiempo y el Papa hayan pasado, Sonia Garro y Ramón Alejandro Muñoz siguen recluidos, y sus victimarios gozan de la mayor impunidad del mundo; salvándose incluso de escándalos tan mayúsculos como del descubrimiento en el canal de Panamá de una carga ilegal de armas escondidas bajo azúcar en buque de bandera norcoreana; y dándose el lujo de celebrar, presidiendo y todo, hasta una Cumbre Celac, donde otra ola represiva, también en absoluta impunidad, volvió a tener lugar.
  
En septiembre de 2013, y pareciéndonos ya entonces demasiado tiempo, mi esposa y yo viajamos desde Cuba a Washington invitados por Solidaridad Cristiana Mundial (CSW), enarbolando treinta preguntas de entre un cumulo de muchas otras que también habríamos podido agregar, y en las que la represión durante la visita de Benedicto XVI a Cuba y el confinamiento del matrimonio negro, ocuparon el quinto cuestionamiento.  Más de medio año ha pasado desde entonces y lamentablemente la vigencia de nuestras treinta preguntas, incluyendo esta quinta, más que mantenerse intacta, aumenta su valor, dado el añejamiento del tiempo.  La única señal emitida desde entonces por los carceleros fue un falso amago de juicio casi a fines del 2013 luego de lo cual otros asuntos, sin lugar a dudas trascendentes también, como el paradigmático caso de Alan Gross, objeto de nuestra pregunta trece, ocupan casi toda la atención.

Pero afortunadamente Sonia y Ramón Alejandro no se encuentran en el triste saco de los casos anónimos (¿cuántos habrá?) con los que el régimen se ensaña y muestra sin mascaras su verdadera naturaleza retorcida. Una campaña internacional crece en la misma proporción de la impunidad de los victimarios y terminará por liberar al matrimonio.  No en balde en esta misma hora es probable que en el silencio místico de su reservado cuarto hasta un expapa rece por ellos; a pesar del silencio de un Vaticano cuyo trono tal vez por ello mismo abandonara, entre otras sonadas razones.   
         

Sunday, May 11, 2014

Arbitrarios secuestros de objetos privados


Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Una amiga cubana radicada en Miami me comentaba que desde hace catorce años no viaja a Cuba, aun cuando en la isla le queda una parte importante de su familia. Las razones son bien fundamentadas para ella, me decía que desde que pone un pie en el Aeropuerto Internacional José Martí de la ciudad de la Habana su estrés y su malestar comienzan; para ella el tener que enfrentar las caras duras de los funcionarios de emigración y de los aduaneros, así como el chequeo superminucioso de todo su equipaje, siempre con el fin de quitarle algo, es como atravesar el mismo infierno. Por eso prefiere no ir y evitarse todos los disgustos que le esperan una vez que baja la escalerilla del avión. Para mí no es menos estresante el escabroso sendero que va desde la pista de aterrizaje hasta la ansiada salida que conduce a la calle. Como cualquier otro cubano mi duda durante todo el viaje de retorno a mi país es: ¿Con cuál de mis objetos electrónicos se quedará la aduana cubana esta vez?

Resulta complejo entender las leyes aduanales en Cuba ya que están diseñadas de manera tal que puedan ser manipuladas por las autoridades, siempre a su favor. Si fuéramos a realizar un censo responsable de los objetos electrónicos (laptops, equipos para proyecciones, celulares, memorias RAM, DVDs players, televisores, etc, etc, etc) que son decomisados anualmente en los aeropuertos cubanos, créanme que necesitaríamos varias manos con muchos dedos. Y es que el principal interés está precisamente en estos dispositivos, a los cuales los dueños del país y por ende de la Aduana, le tienen un terror enfermizo. Así si usted viene algo pasado del peso reglamentado (y estudie bien las normas para el peso reglamentado porque es toda una sopa de palabras que para entenderla casi que se necesita un curso de post grado y cuidado si aún así no entiende nada), usted perderá parte de su equipaje, o sea se le decomisará el exceso ya sea en misceláneas o en equipos eléctricos, dejándolo con el desagradable tormento de saber que le han robado literalmente algo que le pertenece y que usted no puede hacer absolutamente nada al respecto.

En nuestro primer viaje a los Estados Unidos realizado entre septiembre de 2013 y enero de 2014, mi esposo el pastor bautista Mario Félix Lleonart y yo salimos y regresamos al país por el aeropuerto de Santa Clara. En esa primera ocasión el peso de nuestro equipaje estaba un poco excedido según las normas cubanas, vale aclarar que en Estados Unidos el único requisito es pagar el sobrepeso. Nuestro avión arribó al aeropuerto a las 10 de la noche y nuestra salida del chequeo de aduana fue a las 4 de la mañana, aquel exhaustivo y loco chequeo tuvo como resultado el decomiso de un proyector que hermanos en la fe radicados en Miami enviaban a nuestras iglesias bautistas de Taguayabón y Rosalía, y un cartucho con seis libras de caramelos que una hermana exmiembro de la iglesia de Taguayabón enviaba a los niños para que celebrasen el Día de Reyes Magos. Por muchas gestiones realizadas posteriormente no pudimos recuperar lo que se nos quitó.

En nuestro segundo y bien reciente viaje a Estados Unidos tomamos todas las medidas posibles para viajar con el peso requerido y así evitar los malestares anteriores, pero una vez más la arbitrariedad y el despotismo del sistema cubano salieron a flor de piel, mi esposo y yo fuimos sometidos a un riguroso registro, todos nuestros equipajes fueron abiertos, nuestros libros y documentos leídos y releídos una y otra vez, y aunque se nos aclaró por parte de los funcionarios de la Aduana del Aeropuerto Internacional José Martí de la Habana, al cual arribamos el viernes 11 de abril en el vuelo SY8830, que los objetos con los que se quedaban estaban “retenidos” y no “decomisados”, nos quitaron mucho más que en el anterior arribo. Quedaron supuestamente retenidos en el aeropuerto _y digo supuestamente porque con las “leyes” en Cuba nunca se sabe cuál será el siguiente paso, ya que de cualquier rincón empolvado puede salir un decreto, una modificación a la ley, un inciso, o cualquier otra cosa que justifique sus actos arbitrarios_  la laptop personal de mi esposo el pastor bautista Mario Félix Lleonart, un disco duro externo también de su propiedad, un móvil, dos quemadores de DVDs, un DVD player, un file con 45 documentos personales y once discos de contenido mayormente religioso.

Como pueden apreciar la Aduana cubana tiene la “sagrada” tarea de proteger a los dictadores y a sus decretos. La información y la tecnología que ayude a diseminarla es a lo que más temen y es por tanto a lo que mayor atención prestan. Mi esposo y yo no sabemos si nos devolverán los objetos retenidos, seguros estamos que de las manos de la Aduana pasaron a las oscuras manos de la Seguridad del Estado, son esas manos las que escriben la ley y la alteran cuando lo precisan, son esas manos las encargadas de censurar, de prohibir, de castigar, son quienes subyugan y gobiernan a la Aduana y hasta al mismo tribunal popular, son manos largas, muy largas. Mi amiga en Miami entiende bien de esta jungla dirigida por dos dictadores amparados por ese regimiento de manos largas y tenebrosas que anda por las calles a veces encubierto y otras abiertamente denominado Seguridad del Estado, de ahí su decisión de no volver. Por mi parte yo seguiré mientras Dios me lo permita, enfrentado el estrés de los aeropuertos cubanos y los arbitrarios secuestros de objetos privados, aun cuando la decisión parezca descomunalmente loca.


Tuesday, May 6, 2014

Ni rendirse ni cansarse, en memoria de Rafael Diaz-Balart




Por Orlando Fondevila

Se observan últimamente señales nada positivas en la situación cubana. Una primera impresión pudiera llevarnos a la conclusión de que el cáncer cubano pudiera, como ocurre con muchas enfermedades sin cura, haberse cronificado. La estrategia de la tiranía, que no es otra que la de vender humo, parece que ha sido comprada por muchos. La Unión Europea, con el Gobierno de España de proa, se halla francamente en el camino de dulcificar sus relaciones con la tiranía y dejar para después, como afirmaron sus negociadores en su reciente viaje a La Habana, el tema de los derechos humanos.América Latina, incluso los países en los que está establecida una democracia más o menos aceptable, se inclina abiertamente por la conciliación con el régimen cubano, por su aceptación como un igual. O al menos con algo con lo que se puede convivir. Sobre todo al que reconocen que está cambiando. La tiranía juega con estas cartas, al tiempo que continúa intensificando sus apuestas con China y con Rusia. Y claro, con Venezuela y con Brasil. En Estados Unidos, a las flexibilizaciones de la actual Administración, habría que unir la campaña de “ablandamiento” de la opinión pública con la existencia de organizaciones que trabajan sin descanso en pos de la normalización de relaciones, apoyadas por instituciones académicas y por personajes que no son más que agentes de influencia. Así, con frecuencia nos machacan con fabricadas encuestas que demostrarían que los norteamericanos, e incluso los cubanos exiliados, estarían cada vez más inclinados al acercamiento y algún tipo de componenda.

Por otro lado, si revisamos cuidadosamente la prensa internacional, veremos que cada vez se trata menos el asunto cubano, y cuando se hace es para magnificar lossupuestos “cambios” que están teniendo lugar bajo el raulato. Nada importa que los gerifaltes del régimen no pierdan ocasión para dejar bien claro que nada sustancial cambiará. Y más, que los hechos de todos los días nos indiquen que lo único que hacen es transitar de una a otra jugarreta. Y siempre, bajo la manga, siempre disponible la carta de la represión y del crimen.

Es verdad que tanto dentro de Cuba como en el exilio, no faltan patriotas que luchan como pueden, y que persisten. Pero, también es cierto, que se aprecia cierto cansancio y abandono en algunos, por no hablar de la desidia de tantos. Ante esta situación sin duda favorable a las estrategias de la tiranía, conviene recordar que nunca en estos 55 años lo han tenido fácil los luchadores por la libertad. Y hoy, 6 de mayo, en que recordamos la desaparición de Rafael Díaz-Balart en 2005, el fundador de La Rosa Blanca el 28 de enero de 1959, debamos recordarlo enarbolando su férrea voluntad y su fe en la victoria, aún en las más complejas y comprometidas circunstancias. Por muy embrollada y dificultosa que nos pueda parecer hoy la situación de la lucha frente a la tiranía, no lo es más que lo que era en aquel primer mes de la llegada al poder de los Castro. Entonces Rafael no se desanimó, prácticamente solo ante la borrachera de aplausos que saludaba a la naciente tiranía. Y dedicó toda su vida y su inteligencia a trabajar para la libertad y la prosperidad de su patria. Nos dejó así un legado de lucha, de persistencia infatigable, y un Programa, el de La Rosa Blanca, para la reconstrucción de Cuba en libertad. En memoria de Rafael y de los muchos cubanos que han dedicado sus vidas al ideal supremo de una Cuba libre, los que estamos hoy aquí, dentro de Cuba o en el exilio, no podemos ni cansarnos, no rendirnos. La tiranía no es eterna y es más débil hoy que lo que lo ha sido nunca. Y va a ser derrotada si no nos cansamos ni rendimos.

Monday, April 28, 2014

El castrismo mata y no miente


A continuación reproducimos un reciente artículo del escritor independiente cubano, Orlando Luis Pardo Lazo.

El castrismo es, ante todo, biopolítica. Poder sobre la vida y la muerte de cada uno de los individuos, dentro y fuera de las fronteras nacionales de la islita inicua del mar Caribe. El castrismo es necropolítica o no es nada: muerte o perdón de vida, a veces con viso legal y a veces en un suculento secreto.

La pena de muerte fue restituida en Cuba tan pronto como se instauró la guerrilla de Fidel Castro en la Sierra Maestra. A Ernesto Ché Guevara y Raúl Castro, dos “líderes” que no causaron ni una sola baja en combate al ejército constitucional de Fulgencio Batista, les encantaba matar hombres maniatados, especialmente cuando el acusado provenía de las filas del propio Ejército Rebelde. Así ganaron sus grados, sus charreteras relucientes de cadáveres condenados por “convicción”.


En el llamado “llano”, en el clandestinaje violento urbano de 1957 y 1958, la pena de muerte revolucionaria era aplicada alegremente en plena calle cubana por los tiratiros —no confundir con los terroristas— del Movimiento 26 de Julio (M-26-7).
Luego del apoteósico triunfo del 1° de enero de 1959, el gobierno hizo de la muerte su primera ley, y fusiló en masa a varias generaciones de exbatistianos y neocastristas. Hay documentadas miles de “penas máximas”, pero la cifra real seguirá siendo un misterio hasta después del fin de los tiempos. No hay actas. No porque un orwelliano aparato de inteligencia los destruyera, no. No hay actas porque en la mayoría de los casos nunca las hubo. Se fusilaba mediante designaciones a dedo. Antes del juicio incluso. Por decreto. Como castigo ejemplarizante. Por prevención. Por odio al pueblo cubano y su anticomunismo natural. Una y otra vez, por “convicción”: es decir, por los cojones del comandante.
En esta lista hay muchos crímenes, con bombas verdaderas y con infartos inverosímiles, cometidos en el exilio. Algunos de mano de los propios diplomáticos cubanos, que portan armas y las disparan en paz, incluso en la más conservadora capital de la civilizada Europa, como hizo Carlos Medina Pérez en el Londres de 1988.
En esa Lista de Castro cayó, en octubre de 2011, en el hospital habanero Calixto García, la líder fundadora del movimiento pacífico pro-democracia Damas de Blanco, la entrañable Laura Pollán, traicionada acaso hasta por los más cercanos a ella. En esa Lista de Castro también cayó, en julio de 2012, en una carretera cerrada al tráfico de las provincias de Camagüey o Las Tunas o Granma —eso nunca lo sabremos, pues nadie tiene el derecho de creer en el reporte forense estatal—, el líder fundador del pacífico Movimiento Cristiano Liberación, el intelectual Oswaldo Payá, junto a su joven colaborador Harold Cepero. Tanto Oswaldo como Laura habían ganado para Cuba el Premio Andrei Sajarov para la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo, en 2002 y 2005 respectivamente.
Eso Fidel no lo perdona. Como no perdona la esperanza de una liberación. Como no perdona que exista un futuro después de él.
Ahora contamos con un testimonio vivo de aquel doble atentado en el oriente cubano, el domingo 22 de julio de 2012. Ese testimonio lo acaba de publicar la editorial madrileña Anaya [http://www.anayamultimedia.es/libro.php?id=3273521].
El libro se llama Muerte bajo sospecha (2014), y es la crónica del crimen en voz del joven político español Ángel Carromero (de las Nuevas Generaciones del Partido Popular), testigo directo de la tragedia, que iba manejando el Hyundai de turismo cuando sobrevino la ejecución extrajudicial, junto a las víctimas mortales Harold Cepero y Oswaldo Payá, y junto al político sueco Jens Aron Modig: otro sobreviviente, pero éste aún negado a decirlo todo, tras declararse “amnésico” de este “accidente” causado, según el Estado cubano, por la “imprudencia” de un chofer “sin licencia de conducir”.
Los hechos. Poco después del mediodía del 22-7-2012, el Hyundai fue sacado de la carretera por otro auto, tal vez en una clásica maniobra PIT. Nadie resultó herido. Enseguida se les encimó un grupo de hombres no identificados y en ropa civil. Los extranjeros fueron reducidos con golpes técnicos y llevados en furgonetas independientes al hospital de Bayamo, ya para entonces tomado por oficiales del ejército y la policía nacional. De los cubanos, poco más se supo. Pero unas horas después, sin atención médica, Harold Cepero y Oswaldo Payá eran los últimos cadáveres del castrismo.
Nada se supo, ni se sabrá nunca, de la identidad de esos “anónimos héroes” que transportaron a los dos sobrevivientes extranjeros. Ni siquiera se indagó por ellos en el juicio que se hizo en Bayamo, acaso pactado entre la Plaza de la Revolución y el Palacio de la Moncloa, donde, meses después, se condenó a cuatro años de cárcel a Ángel Carromero por “homicidio imprudente”. El sueco para entonces ya se paseaba por Suecia, renunciando a su carrera política, mientras que su testimonio era desestimado como “no relevante” por una corte cubana para este “caso común”. De manera que nunca lo llamaron a declarar.
Todo esto se supo desde el inicio, pues Carromero y Modig transmitieron varios sms justo después del crimen, incluso lograron llamar a sus respectivos jefes en Suecia y España —hoy en sospechoso silencio—, antes de que les quitaran los teléfonos extranjeros en el hospital y los mantuvieran incomunicados, a pesar de los reclamos de la familias Payá y Cepero de entrevistarse con ambos.
Lo más siniestro de Muerte bajo sospecha es que se trata del testimonio de un condenado a muerte, pues Ángel Carromero cuenta que, antes de ser finalmente deportado a su patria para expirar su condena en España (en diciembre 2012), un oficial de la Seguridad del Estado cubana le advirtió que si alguna vez contaba la verdad, él también sería ejecutado extrajudicialmente, como Harold Cepero y Oswaldo Payá.
Pueden creerle o no ahora a Ángel Carromero. No importa. Pero hay miles de muertos para sí creerle a ese oficial cubano del horror.

El castrismo únicamente miente en público. En privado, jamás.

Publicado en El Nacional. 

Friday, April 18, 2014

Solidaridad



Por: Yoaxis Marcheco Suárez
A mis entrañables Lori y Luis Bernal, a los cubanos y cubanas de afuera
Tengo la seguridad de que el tiempo de los llaneros solitarios nunca existió y que solo es pura ficción y fantasía hollywoodense. Las batallas de la vida, sobre todo las empresas difíciles, son imposibles de vencer en solitario, se necesita un cordón fuerte de corazones dispuestos para alcanzar la victoria final dentro de cualquier contienda.   La historia de Cuba está saturada de ejemplos de solidaridad en los que el exilio ha tenido un papel relevante. Las luchas contra la colonia española llevadas a cabo por cubanos dentro de la isla, se sustentaron y sufragaron con el dinero, el sudor y el sacrificio de cientos de hijos de Cuba radicados en el exterior, quienes además acogieron y apoyaron a patriotas y a líderes como el mismo Martí. Ejemplo destacable es el de los tabaqueros cubanos emigrados de Tampa,  a quienes el héroe en un elocuente discurso les pidió que “lo ayudasen a conquistar la independencia de Cuba aportando hombres, armas y dinero”. “Muchos obreros cambiaron las chavetas por machetes y otros donaron centenares de miles de pesos para salvar la Patria de la opresión española y crear la República de Cuba”. Solo gracias a esos puntales se logró planificar  la guerra contra los españoles, trazar las metas e incluso crear el Partido Revolucionario Cubano.


No fue el más grande de los cubanos un mercenario por recibir el  apoyo de los hermanos en el exterior, al contrario, el empeño de Martí no se habría materializado sin la ayuda de los exiliados. Hoy también es imposible alcanzar la libertad de Cuba solo con los de adentro, necesitamos de ese pedazo valioso e importante de patria  que es la diáspora. El problema de Cuba debe ser de la incumbencia  de todos los cubanos y cubanas, dentro y fuera de la isla, y diría más, de cualquier persona honrada y digna de este mundo.

La soledad y el aislamiento a las  que los gobernantes cubanos pretenden someter al pueblo y en especial a quienes disentimos en el interior del país, se derriban con  la fraternidad de los buenos cubanos de afuera. La unión de todos nos dará las fuerzas suficientes para enfrentarnos a los dictadores; y el ahínco, la perseverancia y la pasión que pongamos en la lucha por defender el rincón bendito que Dios nos ofreció como terruño para nacer,  nos llevará al cambio trascendental y renovador que tanto necesitamos. No importa si permanecemos dentro  o si la vida nos llevó a algún lejano rincón, no podemos, ni debemos olvidar, ni sacarnos de lo más hondo de nuestras entrañas, a esta perla pequeña que nada en el mar de la Antillas.

Tuesday, April 15, 2014

La libertad desarmada


Por Lincoln Diaz-Balart

Desde su gestación y desde sus primeros pasos ya en el poder, el castrismo tuvo claro que su proyecto totalitario, inspirado y alimentado por sus fuentes estalinistas y mussolinianas, tenía que utilizar todas las armas para conseguir el poder y para su consolidación y permanencia. Y todas debían emplearse sin escrúpulos. Cuando para justificar sus paredones, sus robos y arbitrariedades Castro afirmaba que la revolución, es decir, su poder omnímodo, era fuente de todo derecho, también estaba advirtiendo que lo era de toda ética. En otras palabras, todo vale, todo es legítimo siempre que sirva a la tiranía. Y en pura lógica castrista, nada lo es si contraría su poder. Y, por supuesto, semejante vara de medir o “principio” castrista, es aplicable a la cultura: “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”.

La batalla cultural, o por el control de las mentes, es para el totalitarismo tan o más importante que cualquier otra. Estos tiranos saben que necesitan de los cañones, de los calabozos y de las fustas, saben que necesitan controlar todos los recursos económicos, pero saben que ante todo necesitan controlar las mentes, las almas de los esclavos. El objetivo mayor es que los esclavos se sientan regocijados con su condición, que aplaudan sus cadenas. Al menos que no concienticen su condición de esclavos. No por gusto Castro se hizo con el control de la educación y de la prensa casi al unísono e incluso antes que del resto de las empresas privadas. Muy pronto, desde los aciagos y confusos primeros días de 1959, las hordas “revolucionarias” se lanzaron al asalto de la Universidad, de las escuelas privadas y de la prensa, la radio, la televisión y el cine. Finalmente, amarraron corto a todo tipo de creador intelectual y artístico con el engendro de la UNEAC. Quedaba así consumado el desarme absoluto de la libertad. El desarme de la libertad al interior de Cuba, pero también dirigido al exterior, porque la tiranía albergaba ambiciones sin fronteras, sobre todo en lo que consideraba su principal esfera de influencia: América Latina. Y así, paradójicamente, utilizaría todos los recursos de la libertad para conspirar contra ella. Por eso, el financiamiento de la violencia, del terrorismo, de las guerrillas y de todo posible mecanismo de desestabilización, y por todas las vías a su alcance, sean estas abiertas o encubiertas. Los servicios de inteligencia castristas han contado desde el principio con todos los recursos y nunca les ha detenido nada. En este arsenal de medios empleados por décadas ha ocupado un lugar de privilegio el empleo de todos los medios y subterfugios para la propaganda, la influencia y el chantaje. La guerra cultural, sin duda, ha ocupado un lugar de privilegio en la estrategia totalitaria.

No es casualidad que entre las primeras acciones para la subversión y la propaganda sucia y descarada, estuvieran la creación de Prensa Latina y Radio Habana Cuba, así como el apoyo y el financiamiento de publicaciones y programas por diversos medios, para lo cual se han servido de testaferros, agentes de influencia y personajes afines en diversos países. Nunca ha faltado para estos menesteres ni dinero ni recursos. Detrás, siempre diligentes, los servicios de inteligencia, el tenebroso Departamento América del Comité Central, así como organizaciones pantalla como el Instituto de Amistad con los Pueblos, la Casa de América, las llamadas organizaciones de solidaridad, y más recientemente los programas supuestamente benéficos como las misiones educativas o médicas.

Pero el mundo continuaría su desarrollo más allá de los lindes de la cerrada y oscura finca castrista. Y surgieron internet y las llamadas redes sociales. Una verdadera explosión de libertad de difícil control. El régimen se topó con una realidad que no podía ignorar. Y entonces, como siempre, buscó el remedo y la trampa. Por un lado, impedir el libre acceso a internet, bloquear páginas indeseables y encarecer el acceso a la red. Por otro, la creación de redes alternativas perfectamente controladas. Pero por una rara inversión ética, esto, que es un escándalo en sí mismo y que debiera ser objeto permanente de denuncia por parte de responsables políticos en los países democráticos, así como por periodistas, intelectuales y personas decentes en todo el mundo, es olvidado o tratado superficialmente, mientras se muestra una exquisita sensibilidad ante cualquier intento por burlar la censura y buscar vías para que el pueblo cubano pueda ejercer su derecho a la libre información y comunicación. Así, recientemente, muchos se han rasgados las vestiduras por la existencia de programas como Zunzuneo o Piramideo, que han buscado hacer llegar la libertad de internet al pueblo cubano, y que lo lamentable realmente ha sido su limitada eficacia. Cuando la verdadera indignación debería estar dirigida a las causas que les han motivado.

Lo evidente es que la tiranía no puede soportar el más mínimo resquicio de libertad, por más piruetas y visajes que ensaye de cara a la galería. Continúa con sus felonías de siempre, dentro y fuera de Cuba, aun cuando se vea precisada a realizar variaciones tácticas. Enquistada y convertida en rutina, la canallada se ha tornado casi invisible y casi aceptable para muchos. Y hasta hay quienes quieren advertir “cambios” en lo que no son más que muecas circunstanciales y tramposas. Se produce así una especie de adormilamiento ético que conduce al acomodamiento y tranquila coexistencia con el mal. Queda entonces la libertad desarmada.

Lo que se impone es que armemos a la libertad, que la defendamos cada día. Que apoyemos a quienes luchan por ella en claras condiciones de desventaja y precariedad. No escatimemos esfuerzos ni recursos para ello. No nos dejemos intimidar ni camelar por los enemigos de la libertad. Nada de posiciones vergonzantes respecto a la defensa y promoción de la libertad. Frente al enemigo liberticida inescrupuloso, todo en defensa de la libertad.