Saturday, January 28, 2012

¿COMO PREPARAR EL REGRESO?



Por Rogelia Castellón    

Preparar el camino desde ahora para hacer historia a través del ejercicio de las leyes es la tarea a cumplir, por todos los hombres y mujeres con el alma llena de deseos de regresar  a Cuba y de permanecer en la patria como cubanos con cartas de ciudadanía de eterna permanencia. Es también preparar desde el destierro la gran unidad de hombres y mujeres deseosos de vivir en libertad en la tierra amada y de sembrar la idea para siempre en cada cubano para que no sintamos nunca más el dolor de pueblo aplastado por la fuerza de tiranos. Llevar desde aquí la decisión de no ser nunca más hojas caídas pisoteadas por nuevos tiranos .

La idea no debe ser solamente liberar al pueblo cubano de su actual esclavitud. La idea será agrupar, enseñar, y amar y saber realmente  que la patria no es nuestra. Nosotros seremos la patria, pero para ser ejemplo, sacrificio y deber.

Por supuesto, desde ahora es necesario comenzar el trabajo. Cada desterrado, cada cubano cuya libertad se perdió en el proceso de vida de la llamada revolución debe hacerse preguntas cuyas respuestas le hagan comprender la obligación de ser parte del nuevo proceso.

¿Conozco la libertad, y realmente la amo?
¿Entiendo que todos los hombres y mujeres de todas las razas deben tener iguales derechos y obligaciones?
¿Podré respetar las leyes y la Constitución en la nueva era de una Cuba libre?
¿Podré enseñar a mis hijos a caminar por el camino de hacer patria?

Si puedes responder afirmativamente a estas preguntas puedes ser parte de un grupo
capaz de lograr la hermandad indispensable para llegar el triunfo de la democracia
en la nueva Cuba que inevitablemente será muy pronto libre.

Si puedes responder afirmativamente a estas preguntas, puedes seguir la ruta desde aquí,
ahora mismo de una vida que nos conduzca al fundamento y cumplimiento de todas las leyes necesarias al nacimiento de una nueva tierra con olor a hermandad y sobre todo con
sentido de perpetuidad.  

El primer paso será entonces sin dudas, la agrupación del destierro y de los que sufren en patria lejana el dolor de ser ausencia, silencio y esclavitud, esfuerzo y muerte.

El regreso deberá prepararse a través de la militancia. Militancia para unir las manos y el corazón en el esfuerzo de la liberación. Militancia como escudo, como lanza como verdadera entrega.

La Rosa Blanca busca fuerzas y hace espacios en la organización para la unificación de la idea, ahora cuando la patria se despierta y se van borrando las palabras que un día la llevaron a escoger cadenas.

El Instituto La Rosa Blanca, llegará a Cuba y será partido político para agrupar las voces y esfuerzos de todos los cubanos que sientan amor por la libertad y aspiren al sacrificio de mantener la democracia en nuestro territorio.

Todos podemos tener el mismo sueño y buscarlo basándonos en métodos diferentes, sin perder la esencia de la idea, abrazando siempre  la misma bandera, con el brillo de la misma estrella. Pensando como cubanos, borrando el destierro en tierra prestada para vivir en nuestra isla ya liberada.

Gran parte del exilio milita en organizaciones que formarán los nuevos partidos políticos necesarios para hacer gobiernos cubanos, para lograr leyes y regulaciones importantes a la libertad perpetua de la patria, y a la libertad de las palabras.

Mientras llega el momento debemos repetir las consignas que serán guías de la nueva república, para que lleguen a su destino empujadas por el viento, para ser repetidas por los hombres y mujeres deseosos de ser libres.

Debe haber para los cubanos un solo objetivo. La liberación de la isla. Un solo cubano no podrá enfrentar cuerpo a cuerpo a la tiranía, pero muchos cubanos en unidad  pueden borrar las noventa millas para rehacer la patria, mano en mano, grupo a grupo, la luz en la mirada, el deseo en la palabra.

Saturday, January 14, 2012

LA ROSA BLANCA: UN PROGRAMA DE Y PARA CUBA



Por Orlando Fondevila


La tiranía implantada por los hermanos Castro y su banda va entrando en sus cincuenta y cuatro años. Todo un record de ignominia. Se insiste en que el terror y la represión han sido y son los principales pilares de tan dilatado espanto. Por supuesto que estas son armas indispensables de todos los totalitarismos que en el mundo han sido. Pero no las únicas y, en ocasiones, no las principales. La propaganda, la creación de una “cultura” y una cosmovisión  ideológica perversas desempeñan un rol especial en todo el entramado totalitario. Hasta el punto que consigue, incluso, marcar en cierto sentido las ideas de algunos opositores del horror. Estoy hablando de verdaderos opositores y no de esa fauna bastante abundante que afirma ser “crítica” del régimen, pero que lo hace, dice, desde la “izquierda”, pretendiendo así conceder cierta credibilidad a los supuestos “cambios” que estaría impulsando el raulismo. La verdad es que, tanto los unos como los otros, tanto los verdaderos opositores que llevan consigo resabios del discurso de lo “políticamente correcto”, de esos rehenes de la “cultura” de izquierda, como los otros que le bailan el agua al régimen, contribuyen de alguna manera a dispensarle  un marchamo de legitimidad histórica a la tiranía.

Hay que decir que esta invocación izquierdista se asienta en un pernicioso sofisma que viene a identificar al castrismo como un paradigma de la izquierda, lo que vendría a dulcificar su verdadera faz totalitaria. Ha sido este, precisamente, el ardid que ha permitido a muy amplios sectores de la zurda política y mediática en todo en el mundo a sostener la mayor parte de las veces unas posiciones de abierta complicidad con la tiranía, o a una suave condescendencia con sus crímenes. Contrariamente, quienes se oponen firmemente a la perversidad absoluta que representa el castrismo, son frecuentemente descalificados como derechistas o ultraderechistas. De la misma manera que se rechaza a quien no comparta la cosmovisión devastadora de la historia de Cuba propalada y acuñada por el castrismo.

Casi todos los que se acercan a la historia cubana, incluyendo a muchos de sus opositores, dan por cierta la versión castrista de que la tiranía implantada desde el mismo enero de 1959 tenía cierta legitimidad de origen, toda vez que venía de derrocar una “feroz dictadura” de derecha pro-imperialista y a desmantelar la pseudo-república pre-existente, caracterizada por la miseria, la prostitución y el pernicioso sometimiento a los Estados Unidos. El régimen ha sido muy eficaz en propagar la concepción adanista de que él nace para enfrentar lo que ha calificado de República basura, con el fin de instaurar por vez primera la soberanía de la nación y erradicar toda la maldad acumulada durante siglos.

Aceptadas estas premisas y acatado el sofisma de que la “revolución cubana” es el paradigma de la izquierda y de que sus oponentes más firmes son los representantes de la ultraderecha radical y reaccionaria, se facilita el camino para dulcificar el horror totalitario, banalizándolo como meros excesos. Excesos que, entonces, podrían ser corregidos con las supuestas “reformas” del raulismo o, tal vez, con las que suponen están en las intenciones de una presunta legión de reformistas agazapados en las estructuras de poder de la tiranía.

La trampa intrínseca en estas teorías lleva de la mano a una dispersión en las ideas y en los métodos de enfrentamiento a la tiranía, e incluso a cierta hostilidad entre sus oponentes. A veces, en virtud de esta trampa, nos dedicamos a darnos pellizquitos unos a otros, para beneplácito y en beneficio de la tiranía.

Yo tuve el privilegio de sostener miles de horas de conversación con Rafael Díaz –Balart, siempre centradas en Cuba, porque justamente él se autodefinía como “cubano-céntrico”. Pude conocer así, y aprender y comprender y compartir todas sus ideas sobre Cuba, su historia, su presente y su futuro. Ideas contenidas brillantemente en el programa de La Rosa Blanca. Recuerdo ahora tres ideas troncales. La primera, Rafael creía en lo que él llamaba “la raza cubana”, que era su manera de oponerse al racismo y de emparentar con el “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro, de José Martí. La segunda, la de no enfrentar a los hombres en clases, estableciendo así prerrogativas de unos sobre otros”. Por cierto, también un concepto martiano. Y la tercera, que es de la que estamos ocupándonos en este artículo, la de la falacia de la dicotomía izquierda –derecha. Rafael creía, y así también nos lo encontramos en el programa de La Rosa Blanca, que esa dualidad –expresada en términos de cerrada hostilidad- era una especie de trampa saducea que nos venía de Europa y que debíamos trascender.

Por lo tanto, no se trata, en la política cubana actual, de “izquierda” o de “derecha”, sino de oponerse de manera firme y radical a la tiranía, o, por el contrario, andarse por las ramas, las suavidades y las medias tintas. Y se trata, sobre todo, de tener unas ideas y un programa claro para el cambio del que está urgida la sociedad cubana. Cambio que significa, en primer lugar, libertad plena. Libertades individuales y soberanía del individuo, sin las cuales no son posibles las libertades y la soberanía de la nación. Y en segundo y tercer lugar (como una consecuencia derivada del primero) el trabajo por una sociedad próspera en un Estado de Derecho en el que prime la justicia. Esas ideas y ese programa no es de “izquierda” ni de “derecha”. Es el programa de la liberación y del cambio genuino en Cuba, el Programa de La Rosa Blanca. Puede y debe ser compartido por todos los cubanos, al margen de diferencias menores. La Rosa Blanca, como advierte en su programa, no hace proselitismo ni pretense erguirse por encima de las organizaciones del exilio y de la oposición interna que, estamos seguros, comparten estos principios. Pero sí creemos que este es el Programa de y para Cuba en la situación de hoy Abierto a la discusión y al enriquecimiento de todos los cubanos que quieren y sueñan y pelean por una Cuba mejor. 



Saturday, December 31, 2011

LA ROSA BLANCA, ESPERANZA DE CUBA



Por Zoé Valdés

Agradezco que el Dr. Lincoln Díaz-Balart me haya invitado a formar parte del Instituto de La Rosa Blanca, lo tomo como un reconocimiento a mi aprecio y lealtad a su padre, el Dr Rafael Díaz-Balart, y a su proyecto político para una Cuba futura: La Rosa Blanca. Llevo muchos años, como cubana, y como escritora, discutiendo en foros internacionales acerca del destino de nuestro país, insertado definitivamente en el mundo, cuando éste pueda desarrollarse en libertad y democracia, imaginándolo en condiciones positivas y no en las adversas que lo ensombrecen en la actualidad y desde hace 53 años; y durante todo este tiempo de activista desde el exilio deseando la libertad y la democracia para todos los cubanos y batallando por ella, no he hallado un proyecto más completo, racional, preciso y realista que el de La Rosa Blanca, es la razón por la que de inmediato adherí a él, al pensamiento de uno de los hombres más brillantes que ha tenido Cuba, y que supo analizar, ver y dejar como legado, las pautas a seguir para lograr el sueño de todos los hombres y mujeres de bien: Que la vida sea vivida en libertad y que tenga el sentido que sus cuatro letras significan: Vida.

No conocí personalmente al Dr. Rafael Díaz-Balart, pero me lo he imaginado, y hasta lo he soñado, y se me ha presentado a través de sus hijos, fundamentalmente de Lincoln Díaz-Balart, y de toda su descendencia, a la que respeto, aprecio y quiero, porque nos une, en esta gran familia, el amor por Cuba, y el deseo de que el futuro de Cuba sea el que por fin nos merecemos, luminoso y afectuoso entre cubanos.

Pero ese esplendor y ese afecto no sería fácil de conseguir si no empezamos desde ahora, o desde el primer día, como hizo Rafael Díaz-Balart, a crear un proyecto ambicioso para la nación. Ese proyecto es La Rosa Blanca. En él se manifiestan dos grandes preocupaciones que deben ser también las nuestras en relación a la sociedad cubana: su racismo y su clasismo.

En el proyecto La Rosa Blanca está ampliamente explicado lo que significa intentar que los cubanos empiecen a trabajar para que el racismo y el clasismo dejen de ser barreras en el desarrollo social de una Cuba liberada de la tiranía. Soy de las que piensa que las secuelas del castrismo serán hondas en ese sentido, y gran esfuerzo nos costará erradicar las numerosas sutilezas, en verdad torturas psicológicas, con las que el castrismo penetró las mentes de los cubanos para convertirlos en seres todavía más abominablemente racistas y clasistas, empezando por sus propios líderes.

Pero al mismo tiempo, esa maldición traidora de la idiosincrasia cubana ha tenido su resistencia. Observando cómo se ha ido organizando la oposición en Cuba en los últimos años, y viendo que esta oposición está conformada en su gran mayoría de hombres y mujeres negros y mulatos, quienes han sido los más afectados, perseguidos y asesinados por el régimen, y que poco a poco han ido tomando conciencia de la importancia de su participación directa en la lucha por la libertad y por la democracia, podemos percibir que no todo se ha perdido en esa isla.

Los verdaderos disidentes en Cuba son conscientes de que el tema racial y el tema de la lucha de clases es una ardua y larga tarea de conciencias para poder integrar a todos los cubanos en la reconstrucción del país. Los verdaderos disidentes, los que trabajan en el anonimato, silenciosos, y exponen del mismo modo sus vidas, tanto, que en muchísimas ocasiones el mundo se ha enterado de que uno de ellos ha sido asesinado cuando ha ocurrido el drama final y fatal, como fue el caso de Orlando Zapata Tamayo. Otros mueren en circunstancias misteriosas o “ministeriosas”, en el que algún ministro del terror inocula una enfermedad mortal a uno de esos luchadores, como se sospecha que sucedió con Laura Pollán, la líder de las Damas de Blanco, fallecida recientemente. Esos disidentes no están jugando a serlo, ni sirven al raulismo light, esos disidentes y opositores son los que minuto a minuto está dándole respiración artificial a la agónica isla, y tratan de revivirla al precio de sus vidas, y conocen, saben, lo que es la libertad y la democracia, lo que esas dos palabras significan, lejos de la fama y de la fantasía alimentada por los procastristas a escala internacional.

Por todo esto creo que La Rosa Blanca es un proyecto esclarecedor y unificador, porque nos habla a todos los cubanos, de todos los colores, cubanos, en fin, que somos, siendo mestizos; y toca los temas álgidos, de manera directa, sin ambages, y les propone soluciones a corto o a largo plazo, pero siempre trabajando de manera honesta y febril.

Por otro lado, creo que los cubanos del exilio debemos nuevamente pensar en que tenemos que tratar el tema de la cultura como un bien que nos pertenece a todos, y que todos los cubanos, donde quiera que estemos, poseemos una cultura que no identifica de ninguna manera al régimen, pero sí a los cubanos. Y esa cultura no es aval ni pedestal de los tiranos, sino de los cubanos. Por ella debemos batirnos y conseguir que seamos reconocidos, en el exilio, como artistas e intelectuales cubanos, y que se nos den los mismos derechos que a los artistas que representan al régimen, cuando mienten al decir que representan la cultura cubana, cuando en realidad viajan autorizados por el castrismo para representar a la tiranía.

La cultura cubana se ha exiliado en su gran mayoría, por lo tanto, la cultura cubana mayoritariamente renace, se extiende y pugilatea por sobrevivir en el exilio y ha crecido desde el exilio, y ha tenido más continuidad en el exilio que en la propia Cuba donde los dictadores acabaron con las verdaderas tradiciones y con nuestra cultura. En Cuba lo que se ha producido en los últimos años es el modelo castrista acultural y partidista, los que la representan constituyen soldados intelectualoides de la incultura castrista; no citaré nombres, pero todos los conocemos y los reconoceríamos por su forma astuta de actuar, y su habilidad para colarse en los eventos internacionales del mundo libre. Para eso el castrismo si invierte sumas de dinero increíbles, para hacer viajar a sus lacayos, y ponerlos a hablar a su favor, cual loros y papagayos amaestrados. En el exilio tenemos a grandes artistas que hablan con su verdad, con el dolor de su experiencia de perseguidos, a ellos debemos protegerlos, y lanzarlos al mundo, ayudarlos moral y económicamente, para enfrentar la mentira del castrocomunismo y rebatirla, desmantelarla y desenmascararla.

Espero que el Instituto La Rosa Blanca pueda apoyar estos esfuerzos y que podamos en el 2012 trabajar más cerca de los verdaderos demócratas cubanos de la isla, y del exilio, dispersos por el mundo, donde quiera que estén con un proyecto común, social, cultural y político.

¡Viva Cuba Libre! ¡Libertad y vida!

Monday, December 19, 2011

PALABRAS DE VICKY RUIZ-LABRIT



Buenos días:
    
       Hoy es un día muy especial para mí, ya que se me ha invitado a participar en el Instituto
La Rosa Blanca, donde el ideario de su fundador Rafael Díaz Balart tiene un significado particular, no sólo porque promueve para Cuba la libertad, el estado de derecho y la democracia, si no porque también aboga por la verdadera integración racial en la reconstrucción futura de nuestra nación.

       Como todos sabemos, en la pirámide socio-económica cubana los negros estamos en la parte más desfavorable, siendo invisibles para el poder político y consecuentemente eso nos ha llevado a la marginación actual.

       Hoy, en tiempos que los afrodescendientes sobrepasamos el cincuenta por ciento de la población total del país, no sólo hay que plantearse la consabida deuda histórica de raza, lo imperativo y profilactico para la nueva nación será un cambio radical que pase por el tema negro más allá de los postulados de la reinvindicación política y social con los que se ha estado engañando al negro. Han estado tocando los bordes del problema sin llegar al meollo. De ahora en lo adelante tenemos que asumir con conciencia e identidad lo que somos, enfrentar la permanente verdad histórica en la que hemos vivido desde que nacimos como República: Cuba fue y es una sociedad racista y clasista, realidad que aún muchos obstinadamente niegan.

       Sólo cuando nos curemos de esa nociva herencia que nos impide reconocer la riqueza de nuestra diversidad, podremos decir con certeza "cubano es más que blanco, más que negro, más que mulato...". 


       Muchas gracias.

Tuesday, November 29, 2011

Presentación de César Menéndez Pryce en la reunión del Instituto La Rosa Blanca el 12 de noviembre de 2011


Estimados amigos:
Es para mí un placer y un honor estar aquí con ustedes en la inauguración de este Instituto de Pensamiento La Rosa Blanca.  Ahora no puedo más que recordar al artífice de todo esto, el señor Rafael Díaz Balart, quien dedicó toda su vida y obra a la nación cubana. Rafael siempre hizo mucho hincapié en lo que, según él, era uno de los principales problemas de Cuba, las relaciones raciales. Por eso es para mí - repito- un grandísimo honor que Lincoln Díaz Balart me haya invitado a conversar de forma breve de un tema tan importante, que sin embargo, a lo largo de la historia ha estado rodeado de un halo de tabú.
Cuba, por definición, es un país mestizo donde conviven dos razas desde hace más de cuatro siglos. Aunque, originalmente, una raza representaba al poder colonial y la otra a los esclavos arrancados de África, con el transcurso del tiempo, estas razas tan diferentes conformaron al cubano actual, integrado en una sociedad multirracial, con cultura, idioma y costumbres propias. 
En 1868 cuando Carlos Manuel de Céspedes comenzó la Guerra de Liberación, la población de la isla alcanzaba aproximadamente un millón y medio de habitantes - 70 por ciento blancos y el 30 por ciento negros. Y es significativo el dato de que, al final de la contienda, el 70 por ciento de los soldados del ejército mambí eran negros, así como el 40 por ciento de los generales.
Antonio Maceo, Guillermón, Moncada, Quintín Banderas, Manuel Delgado, por sólo citar algunos, representan el espíritu que caracterizó la lucha por la liberación.  El mayor aporte en vidas y esfuerzo lo realizaron los cubanos negros, en ese anhelo de alcanzar el último aspecto que faltaba para consolidar la nación cubana: la independencia de la patria.
Tras la firma del tratado de París, donde España reconoce la derrota en su contienda contra Estados Unidos, los norteamericanos intervienen en Cuba y con ello, la situación de la población negra empeora. Los siguientes gobiernos de Estrada palma y José Miguel Gómez no hacen nada por solucionarlo.
Durante los primeros gobiernos de la República los negros perdieron lo que habían conquistado en el campo de batalla luchando contra la metrópolis española. Los anexionistas se dedicaron a levantar el miedo a la revolución negra en la isla para negar los derechos a los cubanos afrodescendientes.  El descontento de los negros fue la causa de la creación del Partido Independiente del Color por Evaristo Estenoz con el fin de participar en las elecciones de 1908.  Este partido fue el embrión del levantamiento negro en Cuba que entró en la historia como la Guerra del Color de 1912, rebelión que fue sofocada sangrientamente en algo más de dos meses con el terrible saldo de 3000 compatriotas muertos. 
Aunque en la República la situación del negro mejoró, no podemos afirmar que se igualó a su compatriota blanco. Ya en la Constitución de 1940 se proclama la igualdad racial. En esta época los negros se protegen organizando sociedades de socorro y beneficencia  como la Unión Fraternal, el club social Buena Vista, La tropical. Estas organizaciones les permitieron a muchos acceder a la educación y a puestos de trabajo vedados hasta entonces a los de su raza. 
El Partido Socialista, legal en esa época, influyó en la mejora de las condiciones de los obreros y en particular de los negros. Muchos dirigentes sindicales negros militaron en sus filas y desde allí representaron a la clase obrera cubana. Por mencionar algunos nombres Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias, Blas Roca y Lázaro Peña comenzaron su andadura política dentro del Partido Socialista de Cuba.
En la Cuba actual el problema negro no se ha resuelto ni mucho menos. A pesar de que el discurso oficial afirma que en la isla, después del triunfo de la Revolución, se eliminó el racismo, la verdad es que los negros ocupan el último nivel de la escala social.  El propio Fidel Castro, a raíz del III congreso del Partido Comunista, reconoce que existen muchos indicios de discriminación en la sociedad y propone una especie de discriminación positiva para que los negros accedan a parcelas de poder solamente reservadas para sus revolucionarios compatriotas blancos. Esta discriminación positiva apenas repercutió en la sociedad. Los criterios del color siguieron predominando a la hora de seleccionar cuadros dirigentes, gerentes de firmas, embajadores, miembros del comité central. En este mismo período la población penal cubana es en su gran mayoría negra, los índices de fracaso escolar inciden más en los alumnos negros, las familias negras son las más desestructuradas, los habitantes de los barrios marginales siguen siendo mayoritariamente negros y así un largo etc. de ejemplos.
Los cubanos, con la Revolución, se han convertido en ciudadanos de segunda, sin derechos ni libertades, y el problema negro continua intacto, con el agravante de que no existen canales para reparar esta injusticia. Incluso, se da la paradoja de que los negros son llamados constantemente a agradecer la obra de la Revolución bajo el argumento   de que por primera vez en al historia son verdaderamente libres y son amenazados con el fantasma del miedo a que regresen los cubanos de Miami con su racismo burgués.
No obstante a esto, muchos de los grupos disidentes cubanos son encabezados por líderes negros. El doctor Oscar Elías Bisset, Vladimiro Roca, Guillermo Fariñas, Manuel Cuesta Morúa, Berta Soler, Jorge Luis García Pérez, Antúnez, entre otros, representan a los líderes opositores negros que heroicamente se enfrentan a la dictadura castrista en favor de los derechos humanos y la democracia.
El rap cubano, negro y contestatario, es una de las pocas manifestaciones culturales que dentro de Cuba ha logrado señalar abiertamente a la dictadura como la causa de las desgracias de la isla. Grupos como Los Aldeanos y Eskuadrón Patriota prestan sus gargantas para ponerle ritmo al malestar colectivo de la juventud cubana.
Es bueno señalar, y en esto deberíamos enfatizar en este Instituto que ahora creamos, que no habrá igualdad de oportunidades, ni derechos, ni libertades para nadie en Cuba hasta que no se establezca en la isla un gobierno democrático, que se someta al Estado de Derecho. Por tanto, la labor fundamental de todos los comprometidos con el futuro de la isla, será aunar esfuerzos y voluntades para luchar por derrocar a la dictadura y  así establecer un marco donde todas las diferencias sociales se puedan solventar democráticamente,  un  marco donde las palabras del maestro, José Martí, recobren toda su plenitud e importancia: “…Dígase hombre y se habrán dicho todos sus derechos…”
Muchas gracias

Tuesday, November 22, 2011

EL INSTITUTO LA ROSA BLANCA



Por Lincoln Diaz-Balart


          El sábado, 12 de noviembre de 2011, un grupo de amigos nos reunimos en la facultad de derecho de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) para activar el Instituto La Rosa Blanca.


         El Instituto trabajará para mantener al día el ideario (producto de toda una vida de estudio, preparación y devoción por Cuba de Rafael Diaz-Balart) de La Rosa Blanca. Trabajaremos para hacer cada día más útil ese ideario – el Proyecto de Programa Político de La Rosa Blanca – para la reconstrucción de la Cuba democrática que se acerca.


         Nos reunimos (desde el Sur de la Florida, desde España y desde Francia) porque pensamos que el momento requiere que nos pongamos a trabajar en una nueva etapa.


         La tiranía intensifica la represión, profundiza el salvajismo y el terror, agrede y hasta asesina a mujeres pacíficas, actuando cada día mas como la anti-Cuba. Y toma medidas para tratar de salvarse. Pero nada salvará a la tiranía. Estamos en el crepúsculo de la barbarie en Cuba. La tiranía se fosiliza, se pudre, se desmiembra.


         Y crecen los héroes dentro de Cuba, en número y en heroísmo, cada día. Tenemos la obligación de ayudar a esos héroes.


         Nos acompañó un gran amigo polaco que viajó desde Varsovia para estar con nosotros, Michal Kaminski, Euro-Diputado abanderado de la causa de la libertad de Cuba. Y también nos honró con su presencia un amigo de otro país hermano, de Lituania, Rolandas Kacinskas, Ministro de la Embajada de Lituania en Estados Unidos, en representación de su brillante Embajador, Zygimantas Pavilionis. (Lituania es el único país de Europa y de muy pocos en el mundo que NO tiene relaciones diplomáticas con la tiranía de Castro). Lituania me entregó el 12 de noviembre la “Estrella del Milenio de Lituania”, un honor que siempre agradeceré. La acepté en honor y memoria a nuestros mártires Orlando Zapata Tamayo, Juan Wilfredo Soto y Laura Pollán.


         Como la reunión del 12 de noviembre fue realmente el comienzo de una nueva etapa de La Rosa Blanca y algunos de los presentes no tuvieron la oportunidad de conocer a Rafael Diaz-Balart, vimos un video preparado por Ana Carbonell con segmentos de entrevistas y discursos de Rafael.


         Formamos cinco Grupos de Trabajo. Un Grupo de Trabajo sobre nuestro cuerpo de pensamiento, para actualizar, para ir mejorando, el Proyecto de Programa de La Rosa Blanca. Un Grupo de Trabajo de Apoyo a la Oposición Interna. Un Grupo de Trabajo sobre Cultura y Arte. Un grupo de Trabajo sobre la Comunicación y la Divulgación de Información (que se encargará de coordinar, entre otros proyectos, la página Web http://www.larosablanca.org/) y un Grupo de Trabajo sobre la Recaudación de Fondos.
Durante la reunión, el amigo Orlando Fondevila moderó un panel de discusión sobre el tema del racismo en la historia y la actualidad cubanas, donde los patriotas cubanos César Menéndez, Vicky Ruiz y Zoé Valdés hicieron brillantes exposiciones.


         Y se otorgó el primer Premio Anual Juana de Dios Gros de Olea, que se entregará todos los años a personas que, por su conducta, personifican los mas altos valores martianos.


         Como explica Rafael Diaz-Balart en “Cuba Intrahistoria: Una Lucha Sin Tregua”, en los primeros días de enero de 1959, dos de los hijos de Juan Gros de Olea, Domingo (de 21 años de edad) y Juan Ignacio (de 22 años) eran choferes de la policía de Santiago de Cuba. Fueron arrestados por los Castro, a pesar de que no había acusación alguna contra ninguno de los dos. El 11 de enero, la madre de Domingo y Juan Ignacio, Juana Gros de Olea, logró entrevistarse con el oficial señalado como “fiscal” de la futura causa contra los mas de 70 cubanos que se encontraban en una celda detenidos. “No hay acusación alguna contra esos hombres”, le dijo el “fiscal” a Juana Gros de Olea, “venga mañana y se llevará usted a sus hijos”. Pero al amanecer del próximo día, 12 de enero de 1959, los hijos de Juana Gros de Olea y otros 70 cubanos fueron montados en camiones y llevados a las cercanías de la loma de San Juan, donde fueron ametrallados y tirados en una zanja común, abierta con tractores. Mas tarde, el tercer hijo de Juana Gros de Olea, Olegario, de 25 años de edad, que trabajaba en una cafetería de la calle Enramada en Santiago, al oír por radio la noticia del asesinato de sus hermanos – criminales de guerra los llamaron – protestó airadamente ante un grupo de milicianos y allí mismo, también fue asesinado.


         Juana Gros de Olea fue una de las fundadoras de La Rosa Blanca en Nueva York mas tarde en ese año de 1959.


         El 28 de enero de 1960, La Rosa Blanca conmemoró en Nueva York el primer aniversario de La Rosa Blanca con dos ceremonias, colocando una corona de rosas blancas ante la estatua a José Martí en la entrada del Parque Central de Nueva York por la mañana, y en un acto en el Hotel Belmont Plaza, de la Avenida Lexington, por la noche.


         Continua Rafael Diaz-Balart en “Cuba Intrahistoria: Una Lucha Sin Tregua”, “Teníamos todos los permisos legales para esos actos y en los dos fuimos brutalmente agredidos por centenares de fanáticos pro-castristas. Las autoridades de este país, entonces en luna de miel con la tiranía cubana, nos encarcelaron a un grupo de La Rosa Blanca y pretendieron condenarnos en un juicio sorpresivo a varios años de cárcel, cosa que se frustró por la valiente y generosa intervención de un abogado y Congresista federal por Nueva York, -Victor L. Anfuso- cuya memoria vivirá siempre en nuestros corazones, y por su hijo, también abogado”.


         Y sigue diciendo Rafael Diaz-Balart en “Cuba Intrahistoria”, “en la velada nocturna, a la que pudimos llegar después de salir de la cárcel, yo expliqué la esencia de la filosofía y la doctrina de La Rosa Blanca, que está en la raíz misma de nuestro nombre”. “Hemos decidido,”  dijo Rafael, “en estos momentos de horror y de luto, cuando las tinieblas de la anti-Cuba se han apoderado de nuestra patria, hemos decidido, sacar la doctrina de nuestro Apóstol José Martí de las profundidades de los estudios, de las bibliotecas, de las meditaciones y especulaciones y ponerla en práctica en nuestras propias vidas. Hemos decidido extraer los versos sencillos -hermosos y profundos- de las antologías poéticas y de las reflexiones intelectuales y hacer de ellos nuestra brújula, nuestra insignia y nuestra bandera. Por eso La Rosa Blanca se llama La Rosa Blanca, porque a las tinieblas del odio y la vesania, queremos enfrentarle la luz del amor y del patriotismo. No en balde, la única nación en el mundo, cuyo dirigente principal convocó a la guerra por amor, es nuestra nación, la nación cubana. Honremos a Martí,” dijo, “poniendo en práctica su doctrina. Su doctrina, que es un evangelio laico y un mandato de luz en este momento de oscuridad y de tinieblas.


         “Los cubanos,” siguió diciendo en aquel acto el 28 de enero de 1960 Rafael Diaz-Balart, “No podemos vivir toda la vida fusilándonos los unos a los otros. En la Cuba libre, por la que luchamos y lucharemos siempre, debemos establecer un legítimo Estado de Derecho, donde reine el imperio de la Ley y de la Justicia, nunca de la venganza y las bajas pasiones; tenemos que huir de quienes prediquen el evangelio bárbaro del odio. Y terminó diciendo Rafael Diaz-Balart: “La patria requiere y requerirá una gran dosis de amor y de perdón”,


            Entonces, en medio de un gran silencio en aquel acto del Hotel Belmont Plaza el 28 de enero de 1960, se puso de pie Juana Gros de Olea, allí presente, y con enorme emoción, interrumpió el discurso de Rafael Diaz-Balart y dijo en voz alta: “Sí Rafael, tienes razón. Tenemos que aprender a amarnos. Yo no quiero que ninguna madre cubana en el futuro tenga que vivir ni un solo día con el sufrimiento con el que yo viviré el resto de mis días”.   


         Para La Rosa Blanca, ese grito de Juana Gros de Olea aquel 28 de enero de 1960 es un mandato ineludible. El primer Premio Juana de Dios Gros de Olea se entregó el sábado 12 de noviembre de 2011 en la facultad de derecho de la Universidad Internacional de la Florida, en memoria de Juana, a sus sobrinos (hijos de crianza) que la sobreviven, Anthony y Edward Arroyo. Y se entregará anualmente a personas que personifiquen, como lo hizo Juana Gros de Olea, los mas altos valores martianos.